miércoles, 2 de agosto de 2017

Cómo evitar personajes estereotipados.



En otras ocasiones hemos hablado de cómo evitar estereotipos -en novelas románticas o de terror, por ejemplo-, sin embargo, hay algo que debes saber: si escribes una obra de ficción, tarde o temprano acabarás introduciendo un cliché o desarrollando algún personaje estereotipado, porque crear personajes originales es algo verdaderamente complejo. Siempre hay rasgos que son más reconocibles que otros; por eso te ofrecemos una pequeña guía de estereotipos que deberías evitar si no quieres que tu novela se convierta en un folletín infumable.



1. El anciano maestro que guarda un secreto.

En muchas historias encontramos frecuentemente una figura que actúa como faro para todos los demás, especialmente para el protagonista. Es un pozos de sabiduría y suele tratarse de un venerable anciano que ha leído y vivido mucho, y que conoce algún secreto vital que en algún momento revelará a alguno de los caracteres principales. En ocasiones, después de revelar ese secreto, fallece, lo que le da un toque trágico a la historia y suma algo de carga emotiva en la narración. Algunos autores obvian la parte trágica y lo matan simplemente porque es un estorbo en la trama y necesitan centrarse más en los personajes principales.

Hay una segunda versión del sabio y su secreto: este muere justo a media revelación, de modo que el protagonista ha de solucionar el enigma por sus propios medios: buscando pistas, atando cabos... Por supuesto, el lector espera que el protagonista sea capaz de llegar al final.  

¿Cómo solucionarlo? Si tu personaje es un anciano sabio que parece tener la respuesta a la búsqueda de la verdad absoluta, eres de los que piensan que la sabiduría solo la dan los años y la experiencia. ¿Qué tal si vuelcas esa sapiencia en personajes más jóvenes, por ejemplo? Juega con las expectativas de tus lectores.


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2. El aventurero. 

En una novela de aventuras, este personaje cumple unos requisitos para que este tipo de narración se pueda denominar así. Valentía, fuerza, algo de humildad y una pizca de sentido del humor suelen ser los rasgos que mejor definen al aventurero «de lata». Al final, acaban  pareciendo clones. Pocas veces encontraremos aventureros cobardes en una novela (quizás al principio, pero lo normal es que evolucionen y ganen seguridad y confianza en ellos mismos, ¿a que no lo esperabas?).

¿Cómo solucionarlo? Vale la pena tratarlo como algo más que un aventurero, aunque sea en determinados momentos. No lo definas solo por su capacidad de poner en riesgo su vida o de buscar una solución para su propia supervivencia y la de aquellos personajes que dependen de su pericia. No es una herramienta. Además, implicarle continuamente en escenas de acción terminará cansando al lector.


  3.  El malo.

En el momento en que un personaje pasa a ser malvado, ya lo estamos clasificando y «empaquetando» dentro de una categoría. 

Al malo se le puede encasillar con cualquiera de estos calificativos: ruin, sutil, despiadado, rudo, traidor, interesado, vanidoso, sádico... y normalmente no salimos de ahí, porque creemos que es lógico que todos esos epítetos le definan. 

¿Cómo solucionarlo? Ser malvado las 24 horas del día debe de ser agotador (igual que ser un santo). Dale toques de bondad, hazle rasgos que lo humanicen de vez en cuando. No quieras hacer un personaje maniqueo y acartonado. Ya te lo dijimos cuando hablamos de los malos de opereta de las novelas de espionaje o en el post de los antagonistas.   



4.  El artista pobre y famélico.

Si en tu novela hay un pintor bohemio, un músico enamorado, un poeta tuberculoso... y además vive en una buhardilla y bebe para olvidar, enhorabuena, no solo estás creando un personaje estereotipado desde los tiempos de María Castaña sino que además estás ayudando a perpetuar la idea de arte/cultura = pobreza. 

¿Cómo solucionarlo? ¿Te has dado cuenta de que casi siempre son hombres? Sí, como el aventurero o el sabio de antes. ¿Qué tal si les cambias de sexo -válido para el resto de casos- o les ofreces una vida más cómoda aunque más prosaica? ¿Es necesario que vivan en buhardillas, que beban vino o absenta y que realmente no tengan dinero ni para comprar tabaco para sus pipas? (Porque seguro que seguro que has hecho que fumen en pipa para hacerlos más interesantes y darles un aire más bohemio). También puedes buscarles alguna afición que no tenga nada que ver con el arte, como practicar algún deporte, por ejemplo. 




5. El detective rudo y sarcástico.

Probablemente, ni Dashiel Hammet ni Raymond Chandler esperaban que sus personajes fueran tan copiados durante décadas por tantos autores de novela negra. Si tu detective tiene un despacho, se mete en alguna pelea a puñetazo limpio de vez en cuando, fuma, bebe whisky en cuanto se le presenta la ocasión y tiene contratada a una secretaria que le devuelve los sarcasmos... Tenemos una mala noticia que darte: ya no estamos años cuarenta del siglo XX.

¿Cómo solucionarlo? Para hacer una novela negra no es necesario que el protagonista haya de ser un detective con un cliente que le encargue un caso. Busca elementos originales que motive esa investigación. El protagonista puede desempeñar cualquier otro trabajo que no tenga nada que ver con el típico inspector con sombrero y gabardina. Es más, ¿en todas las novelas negras ha de haber una investigación? Plantéatelo en serio. Ser original requiere replantearse algunas fórmulas y categorizaciones. Nunca es tarde para empezar a cuestionarlas.

Una forma de «aliviar» un poco estos estereotipos es hacer que los propios personajes sean conscientes de que, efectivamente, están «siguiendo la línea de puntos» para ser detective, villano, sabio, etc. y, en algún momento de la historia, ironicen sobre ello. Esto aportará algún que otro destello de realismo y de humor a tu historia.   

Si, a pesar de todo, sigues sin poder evitar caer en los estereotipos, no te preocupes. En el fondo, no siempre podemos evitarlos, por mucho que nos empeñemos. Ya te lo decíamos al principio.  

¿Y por qué no podemos evitar los personajes estereotipados?

Porque si tratamos de evitar o de cuestionarnos cada tópico que tengamos la oportunidad de desarrollar, nos quedaremos sin opciones continuar con la trama. Nos veremos muy limitados. No se trata de evitar estos «moldes» a toda costa; basta con tomar uno y cambiar algunas de las características comunes que aparecen en miles de novelas. No es necesario evitarlos del todo, porque determinados rasgos de un estereotipo pueden tener un objetivo concreto y favorecer la evolución de la historia. 


Así de bien te irá si nos haces caso



                                                                           Escrito por @NLutefisk


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