martes, 20 de junio de 2017

La novela escrita: Tipos de escena y su estructura




Hemos hablado muchas veces del arco narrativo y de la evolución de los personajes; sin embargo, nunca nos hemos detenido a analizar una escena. «Ah, eso será fácil—dirás—. Tendrá un principio, un nudo y un desenlace, ¿no?». A grandes rasgos, sí. No se diferencia demasiado de la estructura de una novela. Pero, como supondrás, la cosa es un poco más compleja.


Para empezar, vamos a dividir entre escenas y secuelas. O para entendernos, entre escenas donde hay acción y escenas con reacción. Por tanto, es erróneo decir que todas las novelas se dividen en escenas y que se estructuran igual. 

En la escena hay un objetivo, un conflicto y un desastre (sí, has leído bien: DESASTRE).
Una escena es una unidad de acción que ocurre en un determinado lugar. Cuando hay un cambio de personajes (no tienen por qué entrar y salir todos a la vez), hay un cambio de escena. Y es en estas donde han de ocurrir las acciones importantes, algo que mantenga a flote el ritmo narrativo. En ellas se urden las tramas y los personajes actúan de modo que sus comportamientos repercutan notablemente en su entorno y en el futuro, o sea, en la secuela.




En la secuela hay una reacción, un dilema y una decisión.
Las escenas tienen un ritmo más pausado; no hay conflicto, pero sí tensión. Es el momento en que el lector y el protagonista toman un poco de aliento y se preguntan: «Y ahora… ¿qué? ¿Cómo salimos de esta?». En la secuela, los personajes reaccionan a la escena previa y toman posiciones para estar preparados para la escena siguiente. 

ESCENA

Se estructura en tres bloques:

El objetivo: algo ha de mover al protagonista, ha de tener una motivación. Su principal deseo, su necesidad, es lo que va a poner en marcha todo el engranaje. Si no tiene aspiraciones, si no necesita algo urgentemente, el principio ya cojea. Algo falta. No tienes por qué inventarle un gran objetivo; basta que este personaje tenga un anhelo muy pequeño para que se desencadene una especie de efecto mariposa.  De hecho, quizás sea mejor ponerle pequeñas metas que vayan desembocando progresivamente en una mayor, en la meta general. Veamos un ejemplo harto recurrente: imagina que el protagonista de tu novela está secuestrado y maniatado en una casa en medio de ninguna parte, como el de en Misery. La meta final es escapar —indemne, a poder ser—, pero las metas más pequeñas (conseguir desatarse, no llamar la atención de los captores, sortear peligros varios, etc.) son las que van a ir jalonando toda la trama hasta llegar a satisfacer esa necesidad final. 

Cuanto antes fijes esa pequeña meta dentro de la escena, mejor. Así, conseguirás que lector tenga las cosas claras y evitarás que se distraiga.

El conflicto: si todo le saliera al protagonista a pedir de boca… no habría historia. Sería un tostón.  Los problemas son parte de nuestra realidad, y la literatura es un reflejo de ella. Por tanto, debe haber problemas en tu historia, conflictos narrativos. Para una pequeña meta, un problema a su medida. Seguimos con el ejemplo de antes: en un momento dado, el protagonista ha conseguido desatarse. 

Se le presenta un nuevo objetivo: conseguir las llaves de la puerta de la celda. 
Conflicto: esas llaves están atadas al collar de un rottwailer con cara de pocos amigos que le vigila todo el tiempo. 
En cuanto logre hacerse con las llaves, nuevamente se le presentará otro objetivo: llegar a la salida (y otro conflicto narrativo). Es vital que en ese conflicto se ponga a prueba la integridad, no necesariamente física, del personaje. 
En la secuela ese conflicto se resuelve firmemente. ¡Pero… cuidado! Deja algún cable suelto para que la historia siga avanzando, no hagas que todo salga a pedir de boca. Un conflicto debe derivar en otro. Si todo se resuelve felizmente a la primera de cambio, bloquearás el siguiente paso y… fin de la novela. 




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Desastre: ¿De verdad un conflicto narrativo en una escena ha de acabar en desastre? No necesariamente, podemos bajar la intensidad del desastre y dejarlo en un resultado más neutros, según el tipo de historia que estemos contando. 

Para que lo veas mejor, ponemos un ejemplo un poco absurdo, pero esclarecedor:
1. Un padre compra un helado para su hijo, que está en el extremo opuesto del parque.
Ha de llegar, con el helado intacto, hasta el niño (objetivo)
2. El padre va sorteando como puede a la gente que conforma la multitud apelotonada en el parque.
3. Al niño no le gusta el helado que tanto esfuerzo le ha supuesto a su padre llevárselo (desastre).





SECUELA

¿Te imaginas que todas las escenas mantuvieran el mismo nivel de acción? ¡Qué horror! Al final, el lector acabaría cansándose. No puedes «llevarlos al trote» todo el tiempo. Para poner un poco de orden y calma, están las secuelas (no nos referimos a las secuelas de un libro, sino las de una escena). Como decíamos, las secuelas son esos puntos «muertos» en los que el protagonista ha de tomar aire, evaluar pros y contras de lo que ha sucedido y decidir cuál será el siguiente a dar. 

Reacción: no hace falta que ocupe una gran parte de tu relato; un par de párrafos, por ejemplo, mostrando una reflexión, pueden bastar. Aquí lo importante es que el protagonista muestre una reacción ante lo que ha sucedido y lo que (cree que) va a suceder.

Dilema: plantear un dilema es algo natural, porque generalmente parte del desastre final de la escena previa. ¿Qué hacer ante algo que parece que ya no tiene arreglo? El mismo contexto, normalmente ya propicia el impulso necesario para continuar: al protagonista le toca planear cómo seguir adelante. Pero no siempre es necesario establecer un dilema; esta es una parte que nos podemos saltar, sobre todo cuando este es muy obvio. Así que podríamos pasar directamente al siguiente punto. 




Decisión: el protagonista ha reaccionado a la escena previa y se ha planteado un dilema  —sea obvio o no—. Ahora le toca resolver esa duda, solventar el problema que se le plantea, lo que dará a pie a que la siguiente escena empiece con un objetivo.
¿Puedes ver cómo hemos ido encadenando las distintas fases?

  
                                    ESCENA                                                         SECUELA
                Objetivo → Conflicto → Desastre         →         Reacción → Dilema → Decisión 
                      ↑                                                                                                               ↓
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¿Sigues un esquema parecido al escribir una historia? ¿O creas tus propias pautas? Cuéntanos qué técnica va más contigo.

                                                                                             Escrito por @NLutefisk



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2 comentarios:

  1. Hola!

    Estaba leyendo el desarrollo de cada escena y creo que en mi novela, recién terminada, de manera intuitiva seguí ese esquema. Muy ilustrativo el post. Gracias por compartirlo.

    Un gusto leerte.

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  2. Hola, Letras...

    Lo cierto es que este esquema permite trabajar el ritmo narrativo de una forma muy dinámica.

    Encantado de que nos sigas ;)

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