jueves, 29 de junio de 2017

8 consejos para documentarte para escribir





¿Sabes en qué fallan muchas novelas? No se trata siempre de personajes con un arco de transformación mal diseñado, de la torpeza del autor a la hora de crear escenas o de no saber equilibrar narración y diálogo.
Qué va. Muchas historias, especialmente las que aspiran a ser realistas cometen un gran error de bulto, están llenas de agujeros porque el autor no se ha documentado convenientemente (o igual lo ha hecho, pero no ha tenido mucho tino al aplicar sus nuevos conocimientos a su novela). Documentarse es fundamental, has de saber atesorar toda aquella información que te pueda servir para crear tu obra. Así que aquí van 8 consejos para documentarte al escribir.


1. Ármate de paciencia. 

Escribir es una cosa y documentarse es otra. Cada proceso marca su propio tempo. Es posible que te cueste más la labor de documentación que escribir tu novela. De hecho, documentarte puede implicar el 90%  de tu esfuerzo y escribir «solo» el 10 %. Todo depende del carácter y la complejidad de tu obra, por supuesto, pero lo normal es que esta labor no sea cosa de una semana ni de un mes. Por ejemplo, a Larry Collins y Dominique Lapierre les costó varios años documentarse a fondo para poder escribir Oh, Jerusalén

Aprópiate de la mentalidad del corredor de fondo, no de la mentalidad del velocista.

2. No lo dejes todo en manos de Google.

Ni de Yahoo, ni de motores de búsqueda en general.  Es cierto que pueden ser unas herramientas muy útiles, ¿qué duda cabe? Pero quizás valga la pena que te hagas socio de alguna biblioteca virtual (mira bien las condiciones en cada web) y que, a partir de ahí, te dediques a buscar en documentos realmente especializados. 

Si vas a documentarte, hazlo como un profesional; no te contentes con acabar ojeando páginas sueltas de libros de Google Books

Si dispones de tiempo, otra opción es recurrir a las hemerotecas. Sí, aún existen.

Y si además tienes la ocasión de acceder a bibliotecas universitarias, bien físicamente o a través de sus catálogos virtuales, tanto mejor. En general, los catálogos virtuales de   documentos son cada vez más amplios, ya que el número de obras digitalizadas es cada vez mayor.    

Por supuesto, huelga decir que has de tener tu propia biblioteca particular bien nutrida.




3. Selecciona bien el tipo de información que necesitas.

No siempre vamos a necesitar todos los datos que tengamos a mano del tema del que vayamos a tratar. ¿Vas a escribir sobre, por ejemplo, Andy Warhol? Será importante que te centres en algunos aspectos principales. Igual quieres hablar desde la perspectiva de Valerie Solanas cuando le disparó en su estudio, The Factory, pero no te interesa la infancia del pintor, por mucha información que tengas. O quizás quieras centrarte más en cómo creaba sus obras, como su famoso largometraje de ocho horas (a cámara lenta) de Empire, para lo cual puede que el intento de asesinato por parte de Valerie Solanas no te interese especialmente.  

4. Contrasta.

Siempre que vayas a publicar un documento, tanto si se trata de un libro como de un artículo, una noticia, etc. es mejor que te decantes por fuentes que parecen más serias y fidedignas: fíjate bien en el autor, la editorial, la perspectiva desde la que aborda el tema que te interesa… Cuidado, muchas fuentes parecen fidedignas, pero no lo son. Y no necesariamente porque el autor no sepa de qué está hablando, sino porque puede que esa información que nos da no esté actualizada. ¿Qué por qué lo decimos?

Imagínate que los protagonistas de tu novela van a viajar al Tíbet en la actualidad. No estará de más que, si vas a añadir algo de historia, consultes libros escritos, por ejemplo, en los años 30 o 40 del siglo XX, donde se hable de las rutas que se podían seguir en aquella época. Hasta ahí ningún problema, pero… ¿y si tus protagonistas eligen una determinada ruta que ya no existe desde hace unos pocos años porque ha quedado obsoleta o infranqueable? Y no es que la elijan por tener un gran sentido de la aventura, sino porque es un anacronismo resultante de no haberte documentarte todo lo que debías. Quizá un primer lector no note el fallo, quizá un segundo tampoco… Pero llegará un día en que alguien se dará cuenta de que metiste la pata por no informarte bien. Y tú no quieres eso.

¿Ves por qué es tan importante recurrir a fuentes de información actualizadas?
 Si necesitas ayuda para publicar, consúltanos clicando aquí sin compromiso.






5. Haz esquemas y sinopsis sobre lo que vas a incluir.

Este paso es tan obvio y básico que ni siquiera deberíamos comentarlo… pero allá vamos. Bien, tienes documentación fiable y contrastada, has seleccionado la información que necesitas… y ahora toca aplicarla a tu historia. Quizás sea conveniente que te hagas preguntas como estas: ¿Qué datos voy a necesitar en cada capítulo?, ¿los estoy usando porque realmente forman parte de la trama o solo los quiero para dar ambientación? ¿Tienen relación entre ellos? Elabora un esquema o una sinopsis global y, a la vez, esquemas o sinopsis por cada capítulo. 


6. Busca expertos.

Será complicado que no podamos recurrir a expertos en la materia sobre la que estás escribiendo. Si tenemos suerte, podemos encontrar alguno dentro de nuestro círculo social, pero no tiene por qué ser así. ¿Cuántas veces nos habrán dicho que nos alejemos de nuestra zona de confort? Ahora es cuando debes aprovechar Google y demás motores de búsqueda de internet. ¿Qué necesitas, profesores universitarios, periodistas especializados? Si tienen perfil profesional —repetimos, PROFESIONAL— en internet, quizás puedas ponerte en contacto con ellos y consultarles. Asegúrate de que tienen disponibilidad (básicamente, tiempo y ganas, no quieras ser molesto) y qué menos que te comprometas a darles un ejemplar de tu libro, una vez publicado, con el agradecimiento correspondiente por su colaboración.




7. Cuida mucho el estilo

Uno de los peligros de documentarse es que «se nos pegue» el estilo enciclopédico, el meramente informativo. Parece una tontería, pero no lo es. Cuando pasamos muchas horas consultando textos escritos en un estilo demasiado formal, corremos el riesgo de contagiarnos de esa «formalidad» y acabar convirtiendo nuestra historia en puro material enciclopédico, carente de personalidad, de gracia, de estilo propio… Muchos escritores pecan de ser demasiado fríos y explícitos a la hora de incorporar información que va un poco más allá de la línea argumental pura y dura. Esto puede deberse a que abusan de los tecnicismos o de una jerga profesional demasiado específica, sin pararse a pensar que el lector no es precisamente el que se ha documentado para escribir el libro. ¡Mostrad un poco de empatía hacia vuestros lectores, por favor! Acercadles ese lenguaje específico, y aclarad el significado de cada tecnicismo para que sea aprehensible.


8. Rodéate de ayudantes.

Buscar familiares y amigos que acepten ayudarte con el proceso de documentación puede ser una gran idea. Eso sí, dependiendo del nivel de su implicación en esta, quizás debas plantearte incluirlos como coautores (qué menos). Pueden ayudarte a buscar, entrevistar, etc. 

Esto puede venirte especialmente bien cuando haya varios frentes que requieran información sobre distintos temas. Si cuentas con círculo social dispuesto a echarte una mano, cada uno de tus colaboradores puede encargarse de un asunto distinto. Eso sí tú eres el principal responsable de tu obra. Tampoco es cuestión de delegar el grueso de la tarea principal de documentación en otros. No seas carota.


Y tú... ¿has necesitado documentarte alguna vez para escribir? ¿Piensas hacerlo para escribir tu próximo libro? Cuéntanos.

                                                                                                Escrito por @NLutefisk



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