miércoles, 31 de mayo de 2017

10 ideas para crear al perfecto antagonista



¿Es lo mismo el protagonista que «el malo»? No. El malo, en cualquier historia, no es necesariamente el antagonista.
Imagínate que escribes una novela en la que los protagonistas son dos atracadores del estilo Bonnie & Clyde y que sufren un destino parecido a manos de la policía. SI la historia está narrada desde el punto de vista de estos ladrones, los antagonistas son los policías, ¿no crees?… ¿Qué? ¿Pensabas que desarrollarlos era sencillo? Quizás te convenga saber estas 10 ideas para crear un antagonista.


1. Ponle unas metas.

En realidad, protagonista y antagonista no son otra cosa que las partes opuestas de un mismo conflicto. Ambos tienen objetivos distintos; lo que para uno supone un problema, para el otro significa un logro. Esto nos lleva directamente al segundo punto.

2. Créale un arco narrativo propio.

Al igual que los héroes de tu historia, el adversario necesita tener una historia sólida, con un principio, un aumento de la acción, un clímax, un descenso de la acción y un final. Esto contribuirá a que tu historia sea más sólida.




3. Pasa tanto tiempo desarrollando los rasgos del antagonista como del protagonista

Cuando desarrolles el carácter y la historia de este personaje, si no quieres caer en la tentación de malvado de pacotilla con cuatro trazos,. quizás estas preguntas te ayuden a hacer un poco de instrospección en su forma de pensar y de actuar:

¿Por qué se opone al protagonista?
¿Sus planes justifican su conducta? 
Si tiene los mismo objetivos que el héroe, ¿ha elegido el camino equivocado para conseguirlos? 
¿Qué cree que va a obtener si llega a cumplir su propósito?



4. Introduce en él algo reprobable.

Un antagonista se define porque el lector no se siente identificado con él. Ha de caer mal. Puede causar distintas reacciones: pena, rabia, rencor… y hasta un poco de risa. Pero será mejor que dejes los sentimientos que se consideran socialmente nobles para los protas.

5. Usa su escala de valores como punto débil.

¿Qué es lo que más le importa a tu antagonista? ¿Familia y amigos, prestigio, estilo de vida…?  Debe haber algo por lo que prácticamente dé la vida, algo que lo humanice. Al fin y al cabo, la vulnerabilidad le hará ser más humano (quizás esto no se aplique si el antagonista es un monstruo descerebrado o algo por el estilo). No es necesario que te digamos que es ese punto lo que va a aprovechar el protagonista cuando quiera vencerle.




6. Asegúrate de que dirige el conflicto.

Hasta el final, él es encargado de que haya un problema, de que el héroe tenga que resolverlo y de que, en última instancia, el lector se enganche. Un ejemplo claro muy conocido: Drácula. Aunque algunos lo puedan ver como uno de los protagonistas, técnicamente es él quien crea el conflicto. 

7. No es necesario que muera.

Cuando planifiques el final de tu historia, es importante que pienses en qué tipo de final vas a darle, según el efecto que quieras causar en el lector. Esto no significa que el antagonista tenga que morir (no al menos en el primer libro, si se trata de una serie como Harry Potter). ¿Has pensado en que, quizás, una historia en la que el antagonista no solo no muera, sino que triunfe, que logre sus objetivos… puede ser original? 




8. Narra desde su propia perspectiva.

«Ah, pero, si lo hago, se convertirá entonces en protagonista», pensarás. No necesariamente. Independientemente de cuál de los dos sea el narrador, el protagonista debe apelar a la capacidad de sentir empatía del lector. El antagonista no: está ahí para poner una piedra en el camino, para complicar las cosas… ¿Quién podría sentirse a gusto con alguien así? 
Aquí se trata de que el lector comprenda sus razonamientos, sus motivaciones… pero eso no quiere decir que los comparta, que los justifique o que los defienda. 





9- Haz que gane alguna batalla, pero no necesariamente la guerra.

No siempre se gana, pero tampoco se pierde siempre. Puede que esta frase, tan obvia que parece sacada de un libro de Coelho, hayas de tenerla en cuenta cuando estés desarrollando el arco narrativo. Esto será importante, sobre todo, en aquella parte en la que la tensión narrativa vaya creciendo. Si quieres momentos sólidos de acción, deja que el antagonista gane de vez en cuando.  No se lo pongas tan fácil a tus héroes. 




10. No lo hagas ni demasiado débil ni demasiado poderoso.

Procura medir sus fuerzas. Estudia bien sus posibilidades. ¿Hasta dónde pueden llegar sus intereses o su capacidad para hacer daño? Este es un rasgo que debes medir casi al milímetro. Si haces un antagonista demasiado blando, ello repercutirá en la intensidad del conflicto narrativo; mientras que, si lo haces demasiado poderoso, el resultado será muy artificial, a no ser que tu historia trate sobre un Big Brother al estilo de 1984, de Orwell. En cualquier caso, deja claro que es el antagonista y no un personaje más. El lector, aunque sea inconscientemente, ha de «etiquetar».




Si quieres leer más sobre el tema clica aquí: Cómo crear un protagonista y su antagonista. ¿Se te ocurre algún antagonista famoso de ficción que cumpla con alguno de estos requisitos? Cuéntanoslo en los comentarios.

                                                                                             Escrito por: @NLutefisk



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