jueves, 25 de mayo de 2017

Manual básico para entender el soneto






¿Cuántas veces habrás leído este soneto? ¿No te resulta curioso que, después de tanto tiempo, siga siendo tan popular?
Es posible que sea por su carácter burlesco, pero quizás también porque el soneto es ajeno a las modas; resiste el paso de los siglos y sigue tan fresco. Para el poeta que prefiere el estilo clásico de la poesía tradicional, con un ritmo y una cadencia bien definidas, el soneto es una herramienta muy versátil, porque tiene un tipo de verso fácil de utilizar. Por eso mismo, también se puede ajustar a cualquier movimiento literario. ¿Y todo esto… por qué? Pues porque supone una magnífica base para componer casi cualquier poema, tanto de corte clásico como vanguardista. Pero ¿qué es un soneto? Te lo explicamos respondiendo a algunas preguntas.

A una nariz 

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado;

era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

 Francisco de Quevedo y Villegas.


Un poco de historia: ¿cómo y dónde nace el soneto?

El soneto tiene su origen en el verso endecasílabo, que se remonta a la Grecia clásica. Sin embargo, el soneto propiamente dicho nace siglo XVI, durante el Renacimiento, de la mano de Petrarca y de algunos poetas coetáneos. Esta composición tan nueva conquistó rápidamente el corazón y el intelecto de los poetas italianos, de modo que no tardó en extenderse por toda Europa y, con el tiempo, por todo el mundo.

¿En qué consiste?

Originalmente, se compone de 14 versos de 11 sílabas métricas, llamados versos endecasílabos, que se dividen en cuatro estrofas. Las dos primeras estrofas suelen comprender cuatro versos, llamados cuartetos; y las dos últimas, tres, llamados tercetos. Compruébalo con el soneto de Quevedo.
Normalmente cuenta una pequeña historia en verso, con su planteamiento, su nudo y su desenlace correspondientes. 
Está bien, sabemos lo que vas a decir: A una nariz no cuenta exactamente una historia. 
Cierto, por eso decimos «normalmente», no «obligatoriamente».





¿Ha de rimar siempre? 

En su versión más clásica, sí. Según su rima, se pueden combinar varios tipos de cuartetos y de tercetos. Lo más lógico es que las estrofas sigan alguno de estos dos patrones:


Cuartetos

A      A
B      B
B      B
A      A

  o bien…

A      A
B      B
A      A
B      B
        (serventesio)


Tercetos

   C     C   
D     D
C     C

  o bien…

C      C
D      D
E      E


¿Qué autores lo han utilizado? ¿Existe alguna diferencia entre el soneto castellano y el de otros países?

En italiano: Petrarca, Dante, Ariosto
Italia es la cuna del soneto propiamente dicho. Son los poetas italianos los que van a influir en el resto de poetas de otros países.

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En español: Góngora, Quevedo, R. Darío… 
Es precisamente Rubén Darío uno de los poetas que rompen con el esquema tradicional. De hecho, introduce el verso libre, en el soneto, en la cultura hispana.

En inglés: Shakespeare, Marlowe, Donne
El soneto inglés, también llamado shakesperiano, se distingue por comenzar con tres cuartetos. Además, en lugar de seguir con los tercetos, los sustituye por dos versos que riman: el pareado. Este pareado recoge la reflexión final, la moraleja… de la historia contada en el soneto, tal como lo haría el terceto final en otras tradiciones.

En francés: Ronsard, La Péerus, Du Bellay… 
Se empieza a cultivar en Francia en el siglo XVI, gracias a un grupo de poetas conocidos como la Pléiade o la Brigade, que rehúsan seguir escribiendo según los viejos cánones medievales.

En portugués: S. de Miranda,  V. de Moraes, Camões… 
El soneto portugués tiene 10 sílabas métricas. Tuvo una gran influencia en él el movimiento literario conocido como Parnasianismo, surgido en Francia a mediados del siglo XIX.


¿Existe alguna subcategoría o clasificación? 

Hay muchos tipos, divisiones, subdivisiones… Hay tantas que la definición clásica de soneto llega a emborronarse y a hacerse muy relativa. 

Por citar solo algunas, sobre todo por su acentuación:

Pentámetro yámbico: en cada verso se alternan sílabas átonas con tónicas. Esto ocurre, especialmente, con el soneto inglés, tan cultivado por los dramaturgos isabelinos que hemos mencionado antes. Su estructura:
óoó oóo óoó…

El soneto madrigalesco (madrigal): pasa de los 14 versos. Es uno de los primeros que se desgajan de la estructura original y combina versos de distinta medida. Esta particularidad es la razón por la que muchos académicos y literatos no lo consideran exactamente un soneto.

Monostrófico: compuesto por una sola estrofa de 14 versos.

Soneto sáfico: debe su nombre a la famosa poetisa griega Safo de Mitilene. La estructura del soneto sáfico se diferencia en que el último verso del primer cuarteto es más corto, ya que solo contiene  cinco sílabas métricas.
Se acentúan, principalmente, la cuarta y la octava sílaba

Soneto heroico: se compone de 18 estrofas, divididas en cuartetos. 
Se acentúa la segunda, sexta y décima sílaba. 

Galaico: se acentúa la quinta y la décima sílaba.

Dactílico: se acentúa la primera, cuarta, séptima y décima sílaba. 

Melódico: se acentúa la tercera, sexta y décima sílaba.

Enfático: se acentúa la primera, sexta y la décima sílaba.

(Por acentuar, nos referimos a que son sílabas tónicas, no a que lleven tilde necesariamente)

A su vez, estos tipos se pueden dividir en plenos, puros, cortos, etc.




¿Qué temas puede abarcar?

El soneto se puede usar para hablar de cualquier tema. Puede tener un carácter burlesco, romántico, reivindicativo, filosófico… De todos modos, desde las vanguardias del siglo XX, que experimentaron con la forma y el contenido, no necesita caracterizarse por hablar de un tema específico. 

¿Cuál es su evolución? ¿Se seguirá usando en el futuro?

Lo cierto es que el soneto ha tenido épocas de esplendor y de olvido. Gracias a las vanguardias del siglo XX, no pocos autores se atrevieron a reinventarlo: el verso libre acabó con la necesidad de la rima. Esta es una de las razones por las que muchos puristas consideran que el soneto vanguardista de verso libre no es realmente un soneto; es… «otra cosa». Con lo cual, no se consideran sonetos algunos poemas de Neruda o de Rubén Darío, que se atrevieron a ir más allá del esquema tradicional. 

¿Qué si se seguirá usando?... Mientras existan los poetas… ¿qué duda cabe?


¿Quieres saber más sobre sonetos? Coméntanoslo. 

Dejamos este post sobre métrica en la poesía, para esos poetas más concienzudos. Clica aquí.


                                                                                             Escrito por: @NLutefisk



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