martes, 9 de mayo de 2017

Cómo crear un buen escenario para tu novela



En muchas obras de ficción, el ambiente es un personaje más. No solo es un simple marco estático, sino que es un elemento mucho más dinámico, que realza las características de los personajes. Aunque no nos demos cuenta, un buen escenario actúa como una lupa con ellos.
Hoy te hablamos del escenario como personaje, y por eso te planteamos 8 ideas para convertir el escenario en un personaje más.


1- Info dumping

Deja ya los detalles superfluos. ¿En cuántos posts lo habremos dicho? No será la última vez que hablemos de ello mientras tantos escritores se empeñen en mostrar al lector información que no lleva a ningún sitio y que, lejos de hacer progresar la trama, la retrasa y la estira como un chicle. Cuando describas un ambiente, hazlo con un objetivo claro: crear algún tipo de contraste, dar un toque lóbrego a la acción… 

 Por ejemplo, fíjate en la mansión de El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald. Todo ese ambiente de lujo y despilfarro es algo más que un simple trasfondo para Gatsby y sus invitados. Es un «decorado» que muestra al lector cómo el ser humano puede perder su propia escala de valores en determinadas circunstancias. De hecho, las gafas de la valla publicitaria que aparecen en la novela simbolizan una especie de «ojo que todo lo ve», una especie de dios que está pendiente de esa degradación de valores a los que puede llevar una vida de excesos como la que se muestra en esta novela. ¿Verdad que nunca se te hubiera ocurrido?

2- Pregúntate por qué podría despertar interés ese entorno.

Si fuera todo tan sencillo como dejar atrás los detalles superficiales, todo el mundo podría escribir grandes novelas. El marco donde transcurre una acción ha de tener su propia personalidad. Ten cuenta que hay lugares que se han quedado estancados en otras épocas, no solo por sus edificios, su decoración etc. sino por el tipo de gente que lo habita (o habitaba). 
Pero somos vagos cuando se trata de imaginar un escenario que no sea el típico bar, restaurante, cafetería, pub… que sirva como fondo para un diálogo entre los protagonistas. Eso es algo que los editores estamos hartos de ver en tooooodas las novelas ambientadas en nuestros días.
«Bueno —pensará alguien—, es normal. Un local donde sentarse a tomar algo un tipo de espacio al que todo el mundo recurre cuando se trata de hacer vida social hoy en día, como era el ágora en la antigua Grecia. Porque… ¿quién elegiría hacer vida social a la puerta de un panteón, o en los pasillos de unos juzgados, por ejemplo?». ¿Y por qué no? Es ficción. ¿Por qué, cuando plateas una historia, no buscas espacios en los que los personajes hagan algo más que pedir un café? Haz que interactúen con nuevo entorno. Por ejemplo, los diálogos de las novelas de Steinbeck, como Las uvas de la ira o De ratones y hombres, por citar las más conocidas), no tenían lugar en bares y restaurantes, sino en entornos rurales muy duros (hablamos de EE. UU. durante la Gran Depresión de los años 30), lo que no solo dan una fuerza extraordinaria a los diálogos, sino que no se entendería ninguna de esas dos novelas en un entorno distintos. Directamente, esas historias no tendrían razón de ser.




3- Asócialo a algún tipo de emoción.

¿Nunca un determinado lugar te ha transmitido emociones? Piensa en una catedral, una librería de viejo, un bazar marroquí, un manantial en plena naturaleza, un antiguo templo en ruinas… ¿Qué sensaciones te transmitían cuando llegaste a ellos? Para dotar de intensidad a la historia, el narrador ha de hablar como si el entorno fuera capaz de comunicar y actuar por sí mismo, transmitiendo distintas sensaciones o estados de ánimo a los protagonistas, e indirectamente al lector. 

4- Haz que pase el tiempo por él.

Los lugares, como las personas, se deterioran, cambian, se renuevan y dejan recuerdos en nuestra memoria. ¿Recuerdas cómo era el patio de tu colegio? ¿Cómo era el cine en el que viste tus primeras películas? ¿Ha cambiado algo ese parque que hay junto a casa? Es más, ¿existía antes?, ¿qué había allí en su lugar? No te contamos ninguna novedad si te decimos que todo cambia con el paso de los años, pero sí te animamos a que presentes esos cambios durante el desarrollo de tu novela. Haz que un determinado entorno envejezca y que el paso del tiempo por ese lugar signifique algo para los protagonistas. Con ellos conseguirás que el lector se sienta identificado, quizás no tanto con los lugares como con las sensaciones o recuerdos que ellos despiertan.




5- ¿Qué reacciones despierta en tus personajes?

Tanto si narras en primera persona como en tercera, humanizarás un lugar si los ves a través de los ojos de tus personajes. No han de despertar siempre las mismas sensaciones. Si tenemos en cuenta el punto anterior, un lugar puede imponer respeto la primera vez que llegamos a él y, mucho tiempo después, podemos recordarlo con cariño, como podría ocurrir, por ejemplo, con los primeros y últimos días de colegio o del trabajo…

6- Enriquece la descripción con múltiples perspectivas.

Quizás, expresar directamente la opinión que tenga un solo personaje sobre el lugar con el que interactúa puede ser más que suficiente, pero añadir cómo perciben otros dicho lugar, cada uno con una percepción distinta de lo que le rodea, añadirá mayor profundidad a ese escenario. 

Veámoslo así: imagina que el protagonista de tu historia visita la casa de campo en la que se crió. Esta le trae recuerdos; la mayoría, felices, porque asocia a esa casa a compañeros de juegos, a larguísimas tardes de verano en la que recibía visitas, se bañaba en un estanque cercano, etc.
Sin embargo, para otro personaje, quién sabe si próximo al anterior, esa misma casa le trae pesadillas, ya que en ella sufrió todo tipo de atrocidades en su interior: torturas, luz de gas, manipulación, acoso… mientras otros personajes eran felices jugando al sol, y se bañaban en un estanque cercano.

¿Verdad que la opinión del lector cambiará según la impresión que reciba de esa casa? 




7- Define mediante símbolos.

Hablamos hace algún tiempo de la importancia de la simbología en la ficción. Seguro que los amantes de Canción de hielo y fuego (Juego de tronos) asocian una cabeza de animal, o un instrumento de tortura, a cada familia protagonista de la obra de G. R. R. Martin. En realidad, Martin no solo asocia los símbolos a esas familias, sino a sus lugares de origen (castillos, principalmente). 
No es necesario que utilices símbolos propios de fantasías épicas, sino de que introduzcas objetos o acciones que puedan identificarse fácilmente con un espacio determinado. 
Para entendernos, seguro que mucha gente asocia el potro (como material gimnástico) a un tipo de lugar; concretamente, al patio o gimnasio de una escuela. Para aquellos a los que no se les daba bien saltarlo, lo asociarán a recuerdos… incómodos. Para ellos simbolizará, por tanto, un lugar concreto y unas sensaciones… ¿traumáticas?
En cualquier caso, es importante que la simbología que quede asociada a un lugar se pueda entender. Si no das alguna que otra pista, por leve que sea, los símbolos no despertarán ningún tipo de idea o de sensación en el lector.

8- Haz que el espacio modifique la conducta de los personajes.

Según el feng-shui, la disposición de los muebles, la manera en que la luz incida en nuestra casa, repercutirá psicológicamente en nuestro estado de ánimo. En general, es cierto que el espacio que nos rodea, y lo que hacemos en él, tiene efectos en nosotros, en nuestra actitud. ¿Cuánta gente se siente incómoda cuando hace cola, o cuando se encuentra en medio de un atasco en la carretera? ¿Cuánta se estresa solo con abrir la puerta de la consulta del dentista? ¿Cuánta se anima al sentarse en la terraza de un bar después de una larga mañana de trabajo? 
Cómo un espacio puede modificar el carácter de una persona se puede ver en historias como El castillo o El proceso, de Kafka, donde extraños escenario acrecientan la sensación de caos. Otro clásico ejemplo, muy claro, lo podemos ver en Casa de muñecas, de Ibsen. El propio título ya da una pista de cómo se siente la protagonista, Nora Helmer, encerrada entre las paredes de su casa, que, aunque cómoda, transmite una constante sensación de claustrofobia.   
Un lugar ha de despertar emociones, ha de reforzar o moldear la actitud de los protagonistas.


Escrito por: @NLutefisk





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1 comentario:

  1. Hola, me agradó mucho este artículo. Ciertamente el escenario es todo un personaje. Quienes escribimos tratamos de despertar emociones y nada mejor que unas pirámides antiguas para transportarnos al pasado. Una puesta de sol, o el mar encrespado, pueden ser el marco ideal para una escena de amor.

    Un cordial saludo.

    http://letrasarteyoriginalidad.blogspot.mx/2017/05/el-rostro-oculto-de-marilyn_18.html

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