jueves, 6 de abril de 2017

Cómo crear un protagonista y su perfecto antagonista.





Ya hemos dedicado algún que otro post a la creación de personajes, pero nunca hemos hablado concretamente del protagonista propiamente dicho, pero tampoco del antagonista. ¿Han de tener características especiales que resalten sobre el resto de personajes? Es obvio que sí. Empezamos con el prota.

El protagonista 

1. Crea un vínculo emocional entre él y el lector.

Salpimenta su historia con alguna pequeña tragedia —hemos dicho pequeña, no quieras convertir su vida en una bomba lacrimógena— que inspire un poco de ternura, que haga aflorar la solidaridad en el lector… y combínalo con pequeños golpes de fortuna. Procura que el protagonista aprenda, junto con el lector, de sus experiencias. El camino a la madurez de tu héroe dependerá, en buena manera, de cómo combines  fortunas y avatares.  



2. Ha de tener una moral socialmente aceptable, por poca que sea. 

No se trata de que inventes un modelo a seguir, pero sí de que actúe mediante unos patrones éticos que casi cualquier ciudadano de a pie seguiría. 

Por ejemplo, imagina que el protagonista de tu novela es un hacker que, con sus elevados conocimientos, se dedica a espiar a la gente a través de internet. «Uff, pues eso no es muy ético que digamos», pensarás. Pero ¿y si ese hacker se dedica a espiar criminales para denunciarlos? Empresarios corruptos, pederastas, traficantes de droga, mafiosos de variopinto pelaje… ¿Compensaría una conducta reprochable y penada, como es el asalto a la intimidad, unos fines justos como ayudar a detener hampones y delincuentes (cómo ocurre en Mr. Robot)?

Si lo piensas bien, un protagonista así estaría adoptando la idea maquiavélica de «el fin justifica los medios». Además, estos claroscuros van a enriquecer su profundidad psicológica. Esto no quiere decir que todos los protagonistas de novela tengan que estar cruzando constantemente la frontera entre lo legal y lo ilegal. También pueden ser «un poco más normalitos», siempre que se rijan por ciertos valores que compartan con el lector.
(Aquí unos truquillos)



  

3. Desarrolla subtramas que de modo indirecto le afecten, pero sin perder de vista su historia.

El protagonista es el guía del lector. A no ser que estés escribiendo una novela coral o intentes experimentar nuevas formas de ficción, ese guía ha de estar casi siempre visible. No lo hagas desaparecer  de golpe a mediante novela. Solo si tienes la habilidad de autores como G. R. R. Martin te puedes permitir el lujo de quitarte protagonistas de en medio.

4. Haz que tenga algún rasgo o que cometa algún fallo que incomode a otro de los personajes. 

Este personaje «incomodado» será el antagonista, que de algún modo u otro, tenga que enfrentarse a nuestro héroe. Motivos hay muchos, por ejemplo, algún tipo de patología mental o, básicamente, rencor, la envidia, los celos, el afán de control y poder y, en general, todo aquel sentimiento que lleve a un personaje a perder los papeles y enfrentarse a otro. 


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El antagonista

¿Todas las novelas han de tener antagonistas? Por supuesto que no. ¿Qué nos dices de las novelas de ideas, donde lo que importa son las corrientes de reflexiones de los personajes? Aunque sí es cierto que cada vez nos estamos acostumbrando más a que haya antagonistas. ¿Y ese antagonista ha de ser malo?, ¿tiene que ser un malvado de opereta o un villano de tebeo?

Tampoco. Lo que define a un antagonista es el conflicto de intereses respecto al protagonista. No solo no comparte sus mismos valores, sino que, de alguna forma, se inmiscuye en su vida y trata de alterarla —o quitársela, en el peor de los casos—. 

Otra cosa que conviene destacar es que el antagonista no ha de ser necesariamente otra persona. En el post sobre los conflictos narrativos comentamos los distintos problemas a los que nuestro héroe se puede encarar. No siempre ha de ser contra un humano de carne y hueso. Puede enfrentarse, por ejemplo, a las fuerzas de la naturaleza, como ocurría en Los pájaros. 


1- El antagonista también ha de tener rasgos que lo humanicen.

Suponiendo que sea humano, naturalmente, para no contradecir lo que hemos dicho en el párrafo anterior. Así que si realmente quieres que tenga profundidad psicológica, a él también deberías concederle algo de carácter afectivo, ciertos toques que lo normalicen… Es una manera de que el lector pueda ahondar un poco más en la lógica que le lleva a enfrentarse al prota. ¿O acaso quieres que el malo de tu novela responda al estereotipo de malvado plano y descerebrado? 

A decir verdad, un antagonista no tiene por qué ser malo, ni el protagonista un angelito. El protagonista puede ser un criminal y el antagonista «un buen samaritano» que trata de darle caza. Cómo hacer que se identifique uno u otro con lector es algo que dejamos a merced de tu capacidad creativa. La complejidad ética es un punto a tener en cuenta.




2- Diseña un espacio adecuado para él.

Define un espacio donde el antagonista pueda moverse a sus anchas, como Drácula en su castillo o Darth Vader en la estrella de la muerte. No necesariamente han de ser lugares lujosos o, por el contrario, guaridas inmundas. Basta con que el lugar en el que habita revele alguna condición de su personalidad. 

3- Deja claro que sus ideas chocan con las del protagonista.

Y revela por qué (esta revelación suele ir muy al principio o casi al final, sobre todo en las novelas de espías). En cualquier caso, el lector necesita saber a qué se deba tanta animadversión. Quizás te convenga hacerte estas preguntas: ¿por qué se enfrenta al héroe? ¿Qué quiere conseguir? ¿Qué le convierte en su némesis?




4- Piensa bien en qué parte del arco narrativo aparecerá por primera vez.

El efecto que creará no será el mismo dependiendo del momento en que lo presentes. Además de esto, también es importante que tengas en cuenta su entrada en escena. Mide el nivel de espectacularidad para que deje huella en el lector.

¿Has tomado buena nota de estos consejos? Porque, teniendo estos dos elementos bien definidos, tu novela tendrá dos sólidas columnas en las que sostenerse.

                                                                                                             Por:  @NLutefisk


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