lunes, 20 de marzo de 2017

Literatura ergódica: un reto para autores valientes




Ponte las pilas porque hoy vamos con algo muy duro y que no está al alcance de cualquier escritor. Si tienes agallas, si tienes una mente bien amueblada... o, por el contrario, tan desestructurada que acaba siendo genial, y sobre todo, si tienes paciencia y ganas de aprender, te enseñamos qué es la literatura ergódica.


Ya avanzamos algo en otro artículo, así que hoy vamos a desvelarte un poco más de ella, para que aprendas a usarla. Te explicamos todo lo que necesitas saber. Pero vamos por partes:

¿Qué es?

Es un tipo de literatura no lineal en el que cada obra tiene su propio código para ser leída. No tiene por qué tener un hilo conductor o una progresión en capítulos… Ni si quiera las páginas tienen por qué ir numeradas. En definitiva, no hay ningún tipo de «salvavidas» que ayude al lector a viajar por el texto. Llama la atención porque el autor puede usar las páginas de un libro como si fueran lienzos en blanco para pintar, y lo decimos de forma casi literal, porque se la literatura ergódica se caracteriza por jugar con el aspecto formal de los libros: márgenes, párrafos… y pueden incluir símbolos e incluso operaciones de cálculo.
Para entendernos, la estructura de Rayuela o la de los libros juveniles donde puedes elegir cómo continuar la aventura se acercan un poquito a este concepto, pero nos tememos que es algo más complicado que eso.

Orígenes

Aunque la literatura ergódica existe desde hace siglos, ya que cualquier obra que se salga fuera de lo corriente se podría catalogar así, fue el noruego Espen Aarseth, doctor en Literatura Comparada, quien acuñó el término en su libro Cibertexto: perspectivas de la literatura ergódica, a finales de los años 90 del siglo XX.
Cómo ves, el concepto es antiguo, pero la etiqueta es reciente y engloba una gran diversidad de obras.




Variantes principales

El cibertexto: es la «versión animada» de la literatura ergódica y va más allá de leer simplemente en una pantalla, como harías con cualquiera de los dispositivos electrónicos que tienes en casa. Por ejemplo, imagina dos columnas de texto que se mueven en sentidos diferentes: una de arriba abajo y otra de abajo arriba; en una puedes leer las acciones del protagonista  y en la otra lo que piensa mientras las realiza. Eso sí, según la velocidad del scroll, habrás de leer más rápido o más despacio. Pero esto es solo un ejemplo.
Sin embargo, llega un punto en que el concepto de lector se desdibuja en cuanto el cibertexto se le presenta en forma de software, de aplicaciones, y se le pide que no solo lea sino que interactúe con el dispositivo; así, pasa de ser lector a usuario. Es la variante llamada…

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El hipertexto: es un tipo de historia que, como lectores, nos permitirá saltar de una secuencia a otra, según distintas alternativas y que podemos ir escogiendo a nuestro gusto. Mediante este sistema de opciones es el propio lector el que va desarrollando la historia o los poemas. Porque, sí, también hay poemas en hipertexto. El más famoso, Cien mil millones de poemas, de Raymond Queneau (1961) en el que podemos combinar distintos versos para componer poemas.
Por su complejidad, también se suele poner como ejemplo de hipertexto el milenario I ching (El libro de las mutaciones), de origen chino, una compleja obra formada por hexagramas (como los que forman las estrellas de seis puntas, como la de la bandera de Israel) con mensajes de carácter filosófico.
Un momento —dirás—, ¿eso del hipertexto no tiene que ver con lenguajes de programación? ¿No eso del HyperText Markup Languge (HTML) que usamos para navegar por internet? ¿No son enlaces? La esencia es la misma, solo que aquí aplicamos el hipertexto para crear ficción.
Mediante programas informáticos —por ejemplo, Storyscape— nos acercamos a la narrativa del videojuego, ya que el hipertexto ha ido evolucionando con el mundo digital. Y si los primeros nacieron a finales de los 80 y se guardaban en disquetes para leerlos en aquellas antiguas pantallas de fósforo verde, ahora cuentan con un despliegue audiovisual mucho más elaborado, de modo que la narración hipertextual se ha fundido con el diseño multimedia, lo que permite crear una nueva forma de arte conocida como hipermedia.


Lo cierto es que el siglo XXI es una gran época para expandir este extraño y complejo género o, más bien sistema— literario, ya que las posibilidades de crear en formato digital son amplísimas; de modo que, con un poco de imaginación e iniciativa, el hipertexto puede dar mucho de sí, tanto que se utilizan en otros campos, como el de la educación.
Vale, todo eso está muy bien. Pero ¿cómo hago yo literatura hipertextual? ¿Con qué herramientas puedo crear yo una obra así? Los programas más usados son StorySpace y TinderBox, de Eastgate, quizá un poco caros, pero si realmente vas a dedicarte a este tipo de literatura, son muy buenas opciones.

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                                                                                                                             @NLutefisk


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