martes, 3 de enero de 2017

Cómo hacer una crítica literaria



Estás hablando animadamente con unos amigos y empezáis a hablar de libros. En algún momento, alguien te hará preguntas de este tipo: «¿Cuál es el último que has leído? ¿Qué estás leyendo ahora?» Lo más seguro es que nadie espere una respuesta corta, como alguna de estas:

—¿Has leído tal libro?
—Me gustó mucho. Es muy bonito. / No, no me gustó nada. Me parece una p… m…

He aquí un ejemplo clarísimo de opinión plana, que consiste en dar una información muy básica a nuestro interlocutor. Pero quizá este quiera saber algo más; así que no te quedes con las opiniones que daría un niño de 7 años porque, normalmente, cuando alguien te pide opinión sobre un libro, quizás te esté pidiendo implícitamente que lo valores y se lo recomiendes, para saber si va a disfrutar leyéndolo. Hoy te ofrecemos 7 recursos para dar una opinión crítica de un libro.


1-      No lo valores solo por su argumento.

Si solo nos fijamos en un libro por su argumento, por la historia que nos cuenta, en realidad solo estaremos valorando una parte de la obra. Parte importante, sí, pero no es la única.

 Ocurre que en el cine, a veces, a partir de un argumento sacado de una novela escrita con un estilo muy pobre, se hace una gran película. Y el argumento era el mismo en esencia, ¿cómo es posible?… Es cierto que el lenguaje cinematográfico es distinto al literario, aunque en ambos casos estemos hablando de ficción. Pero saber presentar los elementos, jugar con los pasajes y las escenas o darles un ritmo distinto alterará notablemente el resultado. De igual modo, ocurre que, en la mayoría de casos, solemos preferir el libro a su versión cinematográfica. ¿Por qué? Porque, dejando a aparte la labor de los actores y la puesta en escena, varía el ritmo, el curso de los acontecimientos, etc. Lo hemos dicho en otros artículos: no solo importa lo que cuentas, sino cómo lo cuentas.

Como decía Hitchcok, «el argumento es solo un ruido más entre otros muchos».


2-      Ten en cuenta las influencias.

Una de las ventajas de haber leído mucho es que, inconscientemente, vas a comparar los personajes o situaciones de la novela que estás leyendo con personajes de novelas que leíste anteriormente. Esto ocurre especialmente con los clásicos. Siempre habrá un elemento que nos recuerde a otro. Así que, cuando alguien te pida opinión sobre un libro, no te vendrá mal poder compararlo con alguna obra que ya conozcas. De esta forma estarás dando una información más completa. ¡Aprovecha este recurso!


3-      La estructura.

Como sugeríamos en el primer apartado, presentar un hecho, un personaje, un pasaje, etc. de una determinada forma, repercutirá de distinta manera en el resultado. Por ejemplo, las historias que empiezan in media res apuestan por un principio dinámico, más que aquellas que se empeñan en ir con una progresión más clásica, más gradual (ojo, no estamos diciendo que «dinámico» sea mejor que «gradual», solo distinto). O uno que utilice los flashbacks siempre dará más juego. Ten en cuenta este punto cuando vayas a recomendar una lectura.

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4-      El estilo. 

¿A qué nos referimos con que hay que tener en cuenta el estilo? A informar sobre cosas como si el ritmo de lectura es muy ágil, si el autor abusa de los adjetivos, si la lectura se ralentiza demasiado porque usa demasiados signos de puntuación, si el vocabulario es demasiado culto (o demasiado pobre)…
  



5-      Ten en cuenta el tipo de lector al que te diriges.

Hemos de sopesar las características de aquellos que nos piden que valoremos un libro. No es lo mismo recomendarlo a treintañero que a un niño de 10 años; eso está más que claro.

Por ejemplo, ¿cuántos de los que estáis leyendo este artículo leeríais ahora mismo un libro de Gerónimo Stilton? Si sois lectores maduros, prácticamente nadie, ¿verdad?, y quizás por obligación si trabajáis como profesores en un colegio, para saber qué lectura obligatoria mandaréis a vuestros alumnos. Pero que no leáis libros de Gerónimo Stilton, o cualquier otro libro infantil o juvenil… ¿significa que son malos? No tiene por qué. A decir verdad, escribir para un público muy joven requiere mucho esfuerzo y tener algunas nociones de psicología o psicopedagogía. Estos libros están pensados para un lector determinado y factores como el estilo, los pasajes, los personajes, etc. están medidos al milímetro, pero medidos al milímetro para un lector que no eres tú, sino tus hijos, sobrinos, alumnos, etc. De modo que, en principio, sería lógico que no recomendaras estos libros a un adulto, ¿no?   

 Hemos recurrido al ejemplo de los libros infantiles porque son un ejemplo claro de cómo enfocar la opinión sobre un libro a un determinado sector de lectores —en este caso teniendo en cuenta la edad como factor principal—, pero lo cierto es que podríamos hacer lo mismo con otros géneros y enfocar nuestra opinión atendiendo a otros rasgos del lector (por ejemplo, según el nivel cultural).



6-      Sintetiza con cabeza.

¿Eres capaz de resumir el argumento en solo unas pocas líneas? ¿Puedes quedarte con aquellos pasajes clave que dan consistencia a una obra para unirlos mentalmente, de modo que puedas configurar tu propia visión global del texto? Esto es importante si no quieres pasarte dando demasiados detalles a tu interlocutor (o muy pocos, dejándolo entonces con cara de coitus interruptus).



7-      No seas «muy malo».

Ocurre que, cuando nos piden opinión sobre un libro que no nos ha gustado, de repente notamos cómo se afilan nuestros colmillos antes de empezar a destrozar la obra o al autor (metafóricamente, claro), y olvidamos qué es una crítica constructiva. Quizás para ti el libro sea un asco, pero igual para quien te pide opinión no. No está de más tratar de destacar algún aspecto positivo del libro, aunque a ti no te haya satisfecho.


Por:  @NLutefisk

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