jueves, 23 de marzo de 2017

Cómo hacer introspección en tus personajes


Por el título de este post, pensarás que hoy vamos a limitarnos a explicar algo que a simple vista parece muy obvio, ¿verdad? Si crees que con acompañar la reflexión de un determinado personaje con un «pensó» o un «se dijo a sí mismo» es suficiente, te equivocas. Abre bien los ojos porque te vamos a demostrar que hay varias formas de enseñar cómo piensa y siente un personaje; es decir, de hacer introspección. Y presta atención al ejercicio que te proponemos al final.



Los estilos

Directo:

«Creo que será más seguro quedarme hasta que pase la tormenta», pensó.

Muchos autores lo utilizan para dar un toque más realista o para darle viveza la obra.

Indirecto:

Pensó que sería más seguro quedarse hasta que pasara la tormenta.

Narrar todo el tiempo en tercera persona es menos arriesgado, pero permite igualmente hacer un poco de introspección en los personajes.

Usar cualquiera de estos dos estilos es correcto. Sin embargo, hay escritores que los confunden y acaban creando extraños híbridos como este:

Sería más seguro que se quedase hasta que pasara la tormenta, pensó.

¡¡No caigas en ese error!! Ese «pensó» al final, después de una coma, se usa para el estilo directo tras reproducir un pensamiento en primera persona (yo). Lo que no podemos hacer es mezclar, porque en el estilo directo el mismo protagonista narra sus experiencias desde su propio punto de vista. La otra opción válida hubiese sido comenzar con «pensó que…», y reproducir toda la reflexión en tercera persona (ella, él), como hemos hecho antes en el estilo indirecto.

Si lo que queremos es introducir ese «pensó» en medio de una reflexión en estilo directo, podemos hacerlo de estas dos maneras:

«Será mejor que me quede hasta que pase la tormenta —pensó—, no vaya a ser que hayan cortado la carretera».

«Será mejor que me quede hasta que pase la tormenta», pensó, «no vaya a ser que hayan cortado la carretera».



Quizás la primer alternativa sea la más recomendable, ya que, al incluir menos signos ortotipográficos, la lectura es ligeramente más fluida.

También es importante que comprendas que el monólogo interior tampoco lo es todo. Hay formas más sutiles de invitar al lector a que se imagine qué está pasando por la cabeza del protagonista, sin tener que intelectualizar y ponerle nombre a TODO lo que siente. Una forma de hacerlo es somatizar una situación mediante reacciones fisiológicas («nudos» en el estómago, sudor, palpitaciones, lágrimas…).

Esto tiene que ver con los siguientes recursos:

El lenguaje gestual, corporal: una alternativa para hacer un poco de introspección en nuestros personajes, sin tener que darle todo bien mascado y trituradito al lector, es recurrir a la quinésica; es decir, describir gestos, expresiones faciales… cualquier tipo de pista que se refleje en el modo de actuar de los personajes o en su apariencia.

El lenguaje ORAL no verbal: no te asustes, no estamos en una clase de lingüística general. Simplemente nos estamos refiriendo a los carraspeos, balbuceos, silbidos… a cualquier sonido que podamos emitir con la boca y sin articular palabra.
También hay que tener en cuenta las circunstancias en las que tus personajes van a recurrir a ellos. Por ejemplo, un silbido puede significar varias cosas: no es lo mismo que uno silbe estando a solas en un cementerio de noche, para no sentirse solo —por aquello de «el que canta su mal espanta»— que alguien que tenga motivos para estar contento de buena mañana. Por supuesto, el silbido puede tener mucho más significados, dependiendo de la situación (y si no, que se lo pregunten a los… ¿hablantes… silbantes?… del silbo gomero).



Pues atento al ejercicio: olvídate del monólogo interior de tus personajes y piensa en cómo reacciona cada uno o cómo se comporta cuando…

-se siente acosado
-está alterado
-siente envidia
-siente celos
-se arrepiente
-tiene un dilema
-se siente débil

Puedes llevar este ejercicio un paso más allá y aplicarlo a situaciones un poco más concretas:

Por ejemplo, cuando…

-se siente acosado por un antiguo compañero del colegio
-está alterado porque está en un atasco y llega tarde a su destino
-etc.

Piensa en la postura, en el tono de voz, en los silencios que usarían (que también son bastante comunicativos)…

Y recuerda que, para el lector, la reacción de un personaje ante determinadas circunstancias puede ser más explícita que la propia reflexión y hasta, dependiendo del caso, más fácil de entender. También has de tener en cuenta —y esto es importantísimo—que no todos reaccionamos igual ante los mismos estímulos.


Para seguir perfilando mejor tus personajes, clica aquí, te será de mucha utilidad


Por:  @NLutefisk
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