martes, 13 de diciembre de 2016

¿Cómo escribir política ficción?



¿Política aquí también? Sí… y no es algo nuevo. De hecho, la literatura de política ficción no la hemos inventado ahora. La hemos tenido durante siglos ante nuestras narices y no hemos sabido verla. ¿Qué dirías, si no, que son los dramas de Shakespeare? ¿Acaso todas esas intrigas palaciegas, traiciones, luchas, etc. entre reyes, emperadores, generales… no se podrían incluir en este género? Por supuesto que sí. Si hasta en El rey Lear el bufón denuncia la actitud del monarca, tal como harían hoy los medios de comunicación. ¿Te interesa? Pues te damos 8 consejos para escribir política ficción:



1- Documéntate sobre política. 

Este consejo es tan obvio que ni siquiera deberíamos darlo, porque... ¿sabes de algún autor que no se haya documentado a la hora de escribir este tipo de novelas? Aunque tu novela no vaya a ser totalmente fiel a la realidad, bucear un poco por los libros de historia, sociología, etc. y consultar alguna hemeroteca será algo que te convendrá hacer. Eso sí, contrasta la información todo lo que puedas.


2- Céntrate en un tema concreto. 


Algunos de los temas más usados en política ficción tratan sobre:


· Escándalos de corrupción. Ejemplo: Crematorio, de Rafael Chirbes, que cuenta con una adaptación televisiva.


· Bandas terroristas: La costumbre de morir, de Raúl Guerra o El padre de Caín, del propio Rafael Vera y que también cuenta con otra adaptación. Ambas sobre ETA.


· Funcionamiento de lobbies y grandes empresas: Coltán, de Vázquez Figueroa. Sobre la explotación de las minas, y los «mineros», de tantalio.


· Escándalos sexuales de altos cargos: Los inmortales, de Michael Korda. Sobre Marilyn y JFK. 


     · Filtraciones que arriesgan el prestigio social de un partido, de un jefe de estado, de una institución, etc.: Las cuatro torres, novela acerca de corruptelas en los equipos de fútbol de primera división.  



Y por supuesto, en muchos de ellos no falta la consiguiente investigación que saca los trapos sucios a la luz pública. 




3- Trabaja sobre una premisa.


Piensa qué quieres señalar en tu obra, sobre qué aspecto de la política se va a asentar y, ahonda en aquello que mueve a tus personajes a actuar de dicha manera. Un tema bastante manido es el de recrear casos de corrupción y juicios a miembros de la clase política… Pero dentro de esa idea tan general podemos profundizar un poco más y ver sobre qué premisa se sustentan. Como ya dijimos en otros artículos, un buen relato se ha de apoyar sobre un valor, una premisa que ha de cimentar nuestro argumento. Tratándose de política, te damos algunas ideas. 


Por ejemplo: 


· Fidelidad/traición a unos principios éticos


· Fidelidad/traición a compañeros de partido


· Arribismo


· Nepotismo


· Degradación de ideales y de código ético


· Hipocresía y doble moral


· Manipulación «sutil» del electorado


· Puertas giratorias de altos cargos políticos



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4- Piensa en cómo vas a enfocarlo.

Señalar un vicio directamente y atacarlo de frente, sin tapujos, puede ser una buena opción. Pero recuerda que la sátira política puede ser un arma inigualable para meter el dedo en la llaga. El ejemplo más claro lo tenemos en Los viajes de Gulliver, que, lejos de ser un cuento infantil, es prácticamente un corte de mangas a la clase política y a las costumbres británicas del siglo XVIII. 





5- Usa conexiones con la realidad política. 


Hay algunos autores que inventan y recrean situaciones e historias de personajes que realmente existieron, como hizo por ejemplo Vázquez Montalbán al escribir la Autobiografía de Franco o las Historias de política ficción, que toman como base el golpe de estado del 23-F.


6- No descuides el argumento ni el estilo.


Este punto lo hemos repetido más que el ajo en muchos artículos (de hecho, no descartamos referirnos a este punto directamente como «el ajo» en próximos artículos), pero es que es uno de los más importantes, tenga la ambientación que tenga tu novela. Más allá del trasfondo político ha de haber una historia con un arco narrativo consistente. No conviertas tu novela en un baile de fechas, lugares y datos aislados. 



7- Introduce un poco de humor.


Esto es algo que no podremos aplicar a cualquier novela de política ficción, ya que todo va a depender del tono que usemos para narrar o del carácter del suceso que estemos contando, etc. Pero si tienes la oportunidad de salpimentar tu historia con un poco de picardía, de gracejo o de mala leche combinada con algo de cinismo y de ironía, no dudes en hacerlo. Nunca vendrá mal para cortar un poco la tensión si hay demasiada.



8- Rebusca en el pasado de los personajes.

Esta será una forma de humanizarlos y dar un porqué a sus acciones. No se trata de que pretendas justificarlas, tan solo de exponer qué hechos han provocado en sus vidas que su actitud en la carrera política —o en ámbitos cercanos, como la justicia, el periodismo, el activismo en general...— tenga uno u otro cariz.




La política ficción suele coger personajes inventados para recrear hechos históricos o centrarse en sucesos de carácter político, o jurídico, más o menos conocidos por la opinión pública, tanto si intervienen personajes reales como si no. El ejemplo más claro lo tenemos en el famoso libro de Bernstein y Woodward Todos los hombres del presidente, basado en el escándalo Watergate, y cuya adaptación llegó a ser incluso más famosa que la propia novela.  


 Algunas, aunque «oficialmente» no están consideradas como obras de política ficción en sí, podrían catalogarse como tales. Por ejemplo, Falcó, de Pérez-Reverte, trata sobre un asunto relacionado con los dictadores Franco y Primo de Rivera. Aunque está catalogado como una novela de espionaje, lo cierto es que también se podría identificar como tal. 



¿Qué otras novelas que no catalogadas como política ficción, pero que bien pudieran denominarse así, se te ocurren? Déjanos tu respuesta en los comentarios ;)


Por:  @NLutefisk

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