jueves, 20 de octubre de 2016

7 recursos para escribir thrillers de espionaje





Si alguien revolucionó las novelas de espías, ese fue Ian Fleming, con el famoso agente 007. Hasta entonces, muy pocos escritores se habían atrevido a indagar en este tipo de novelas, pero Fleming supo aprovechar sus propias experiencias en la Armada Británica y las encarnó en su personajes más famoso: Bond… James Bond. 


Otro de los autores que también escribió sobre espionaje fue Graham Greene. Sus novelas tienen un toque más realista, más profundo y menos «fantástico» que las de Fleming (no en balde, Greene, a diferencia de Fleming, sí que había trabajado directamente para el famoso MI6), como se puede ver en El factor humano o El americano impasible (¿que no las has leído?, ya tardas). Y algo parecido podríamos decir de otro maestro como David Cornwell, más conocido como John le Carré, un sabio de la ficción de espionaje.

En cualquier caso, una vez asentadas las bases, el género se fue ramificando y fue introduciendo más variedad. Sin embargo, algunos rasgos típicos de estas novelas se han mantenido casi intactos hasta hoy. ¿Te interesa conocerlos? Pues te ofrecemos 7 recursos para escribir thrillers de espionaje. 



1-    Un comienzo trepidante y espectacular


En las primeras páginas ha de suceder algo realmente llamativo. No estamos hablando del típico párrafo para enganchar desde el principio, como hemos indicado otras veces. Aquí has de ir más allá; así que el comienzo in media res es, prácticamente, una obligación. Si tu espía no empieza escapando de algún lugar en el que le espera un potencial peligro, o enfrentándose a una situación arriesgada, no es un espía «de pura cepa».







2-    Un protagonista activo

¿Te imaginas una thriller de espías en el que el protagonista se dedique a la vida contemplativa o ingrese en un monasterio tibetano a practicar mantras hasta el final? Si algo caracteriza a los espías de ficción es la habilidad, la predisposición a actuar, el arrojo… aunque eso no tiene por qué convertirlo en un pedazo de corcho, sin cerebro, que solo se mueve «por instinto». Pero… cuidado, que tu espía no se dedique a la vida contemplativa no quiere decir que no reflexione, que no piense por sí mismo. Al contrario: un espía es, ante todo, un estratega, un tipo con recursos que se ha de enfrentar a situaciones complejas, de las que no todo el mundo podría salir airoso.




3-    La astucia como seña de identidad

Si algo distingue al inteligente del astuto es que último usa toda su inteligencia —aunque sea poca— en provecho propio, a diferencia del inteligente, que no siempre sabe sacar partido de su materia gris. Así que, por pocas luces que tenga tu espía (aunque difícilemente «se contrata a un espía tonto»), haz que las use para huir del peligro y lograr sus objetivos. ¿Quieres un espía erudito o un espía astuto? ¿Qué resulta más razonable para ti? 



4-    Saca partido a los escenarios

Independientemente del nivel de realismo que añadas a la trama, los espías son grandes viajeros. Aprovecha para encontrar exotismo en sus viajes, y por «exotismo» no nos referimos a que sus aventuras tengan que suceder en la jungla, en el desierto o en una nevada montaña alpina, sino a extraer espectacularidad de cada escenario donde ocurra la acción, de un escenario con el que el lector medio no se encuentre cada día. Puede ser, por ejemplo, un espacio cerrado, como una cárcel, un submarino, una cámara de tortura…







5-    Usa la pistola de Chekhov

El escritor ruso Chekhov decía que, si en un momento dado enseñas una pistola en un relato, tarde o temprano alguien la disparará. Esto lo podemos extrapolar a cualquier elemento que enseñes sutilmente en un momento dado de tu novela, para, un poco más adelante, hacer que se convierta en un elemento clave que ayude a dar un giro argumental inesperado.

Por ejemplo, aprovechando que antes hablábamos de James Bond, podemos encontrar una pistola de Chekhov bastante evidente en Vive y deja morir: en un pasaje del libro, Bond se encuentra con un tanque lleno tiburones, que suponen un peligro más que obvio. No hace falta ser muy avispado para saber que, antes o después, esos tiburones se van a comer a alguien antes o después..

Así que si en tu thriller presentas, por ejemplo, a un pirata informático —o, mejor dicho, a un cracker— en una situación cualquiera, lo normal es que en algún pasaje aparezca entrando a una base de datos de una gran empresa, o de una organización, desde un ordenador. Porque ningún lector espera que ese cracker no pinte nada en toda la obra, ¿verdad? Si no, ¿para qué introduces un pirata informático? ¿Te imaginas que solo aparezca un par de veces en tu historia para, por ejemplo, ir a comprar el pan o tomarse unas patatas bravas, tranquilamente, en una terracita? Eso sería desaprovechar una pistola de Chekhov.

El ejemplo del cracker que hemos usado para explicar este recurso es bastante obvio, y lo hemos puesto para que lo entiendas bien. Pero si de verdad quieres sorprender al lector, lo mejor es que seas más sutil. Hoy, un tanque de tiburones en una novela de espías sería demasiado previsible y no sorprendería tanto a un lector como en los años 50 del siglo XX. 
 
En cualquier caso, este es un recurso que se puede aplicar más a una clase de novelas que a otras. En aquellas en las que hay mucha acción y antagonistas bien definidos, la pistola de Chekhov puede ser un recurso genial. Sin embargo, en una novela de ideas, en la que lo importante es la reflexión del autor, quizás sea más difícil introducirla. 




6-    Ofrece un objetivo concreto al enemigo

¿Hay un cliché más absurdo e infantiloide para un malo de novela de espías que querer «dominar la Tierra»? Además de tratarse de un objetivo demasiado vago, es impersonal (a no ser que seas cierto dictador norcoreano amigo de Dennis Rodman). Busca objetivos «diabólicos» más concretos, de menor escala. Ten en cuenta que, cuanto más grande sea el proyecto del malo, más complejo será ejecutarlo, y esto implicará que tú, querido autor, tengas que dar muchos detalles. Y hacer eso sin dejar algún que otro agujero argumental es complicado, ¿no crees?

Aunque se trate de ejemplos muy manidos, monopolizar el tráfico de drogas en un determinado país, vender secretos de estado, pueden ser el marco perfecto para diseñar a un malo con cierta profundidad moral, poco maniqueo pero cargado de ambiciones insanas. Será más difícil que te pierdas al detallar un pequeño plan malvado que al detallar uno más grande y ambicioso.




7-    Deja cliffhangers al final de cada capítulo

No es un dejà-vu. Ya te lo hemos explicado otras veces y no nos importa ponernos pesados con el tema, pero es que realmente funcionan, porque el final de un capítulo invita al lector, de una forma más o menos consciente, a hacer una pausa en la lectura y a retomarla en otro momento. No se lo pongas tan fácil y usa un buen gancho argumental que le haga querer descubrir más en el siguiente capítulo. ¿Tendremos que volver a repetírtelo? Este es un recurso muy viejo y muy usado, pero nunca pasa de moda. Lo puedes encontrar tanto en Galdós como en el guion de una serie de Netflix.


¿Te han servido estos consejos? Ahora ya no tienes excusa para no atreverte a escribir un thriller de espionaje.



Por:  @NLutefisk


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2 comentarios:

  1. Hola, nunca he sido de thriller, pero me gustó El Americano Impasible.
    Excelentes consejos, aunque se pueden aplicar en muchos géneros, es más Juegos de Tronos los usa sin miramientos.
    Siempre excelentes tus artículos.

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  2. Muchas gracias, Memovalera.

    Tienes razón, en Juego de tronos los usan todos... y más.

    Un saludo.

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