jueves, 20 de octubre de 2016

15 ideas para sacar partido a tu novela fantástica




Sería un poco complicado englobar todos los elementos que caben dentro de un género tan amplio, ya que el propio género fantástico incluye, a su vez, subgéneros como la fantasía épica,  gótica, distópica, etc. Sin embargo, sí podemos darte algunos consejos para escribir tu propia fantasía. Así que toma nota de estas 15 ideas para sacar partido a tu novela fantástica.


1-    Piensa bien en el tipo de lector al que vas a dirigir tu fantasía: enfoca


No es lo mismo escribir fantasía para niños que para adolescentes o adultos.

Este «detalle», que parece tan obvio, se les escapa a muchos escritores, que saltan de un estilo infantil a otro mucho más crudo, sin pararse a pensar en el tipo de lector al que se están dirigiendo. Así que no es extraño encontrarnos con autores que pasan del nivel Peppa Pig al nivel saqueo-violación-profanación-de-tumbas-y-cadáveres (con todo lujo de detalles) en apenas un par de párrafos. Intenta mantener un nivel narrativo uniforme, tanto en contenido como en estilo.



2-    Raciona la magia

Es el elemento más recurrente y más característico de la literatura fantástica. Incluso hay quien les crea unas «normas de uso», o les aplica unas consecuencias lógicas, como si de leyes de física se tratara. En ocasiones, conviene no abusar de los elementos fantásticos, como los hechizos y demás, ya que si bien en un principio pueden llamar la atención, también podrían llegar a solapar otros elementos y empobrecer el argumento. Veámoslo mejor con un ejemplo: en Canción de hielo y fuego, a pesar de que la magia y el componente mitológico, como los dragones, es importante, no es lo que vertebra la serie de libros, que se asienta más en cuestiones como las intrigas, las traiciones o las batallas. Precisamente el exceso de fantasía es algo que se critica también en El Quijote, al referirse a los libros de caballería, cuyas historias eran verdaderos despropósitos. Y también nos lo advertía Goya con su título de uno de sus famosos Caprichos, sobre todo si la tomamos al pie de la letra: «La fantasía, abandonada de la razón, produce monstruos imposibles».


¿Quieres más ejemplos? Agárrate, que vienen curvas: ni siquiera las novelas de Harry Potter se asientan totalmente en la magia; de hecho, tienen una estructura más típica de novela negra o de misterio, ya que el núcleo lo compone una investigación, la resolución de un enigma, por parte de Harry y sus compañeros. La magia, en este caso, es algo que lo recubre, es «el señuelo» para atrapar a los lectores, sobre todo a los jóvenes.


Con todo esto no queremos decir que no hagas intervenir la magia en tus libros, sino que reducir este componente, dependiendo del carácter de tu libro, quizás sea buena idea. Por ejemplo, simplemente un hechizo y la búsqueda de su antídoto pueden ser suficientes para desencadenar toda una aventura y crear un argumento consistente. 



3-    Crea una mitología


Otra de las opciones para escribir literatura fantástica es recurrir a la mitología. No nos referimos necesariamente a las clásicas, como la griega o la egipcia, sino a que inventes tus propios dioses, monstruos, héroes y antihéroes. El ejemplo más claro de mitología creada en los últimos tiempos lo tenemos en H. P. Lovecraft, con Cthulhu y sus dioses primigenios y monstruos.





4-    Documéntate


«Pero eso es un sinsentido —dirás—. Uno puede tomar la Historia para documentarse y hacer ensayos, o novelas basadas en acontecimientos reales, no para escribir fantasía». Pues te equivocas. Volvemos a usar Canción de hielo y fuego como ejemplo una vez más, ya que George R. R. Martin se apoya a menudo en la Historia. ¿Acaso no ves ninguna relación entre el incesto en familias nobles o poderosas del Medievo y el Renacimiento —como los Borgia— y los Lannister?, ¿o no ves algo de Atila y los Hunos, o de los estoicos —ahora más conocidos como espartanos— en los sanguinarios dothrakis?



5-    Propón múltiples lecturas: el relato fantástico como alegoría, denuncia social…


¿Qué quiere decir esto? Que puedes aprovechar para colar un mensaje, una moraleja… cualquier cosa que dé a entender al lector que tu relato es, en realidad, una deformación de un vicio social, de la corrupción del individuo o de un sistema. La idea de premisa de la que hablábamos en un post anterior está relacionada con este punto.


Si alguien supo sacar partido a este factor, ese fue Michael Ende, el autor de Momo, El ponche de los deseos y, por supuesto, La historia interminable. En esta última, en la figura de Bastian Bax se ve claramente el sacrificio de la identidad propia, de las raíces, de la amistad… solo por conseguir el éxito, por alcanzar una meta. 



6-    Usa conflictos narrativos realistas para dar autenticidad


Traiciones, plagas y enfermedades, amores imposibles, guerras… Extrapolar cualquier problema de la realidad al mundo que has creado dará un trasfondo más creíble a tu historia.




7-    Da profundidad a tus personajes

Algo parecido a lo que hemos dicho en el punto anterior lo podemos aplicar al carácter de tus personajes. Dótalos de complejos, de inseguridades, de imperfecciones en general… No importa si se trata de elfos, deidades, criaturas… Otorgarles rasgos psicológicos propios de los humanos hará que tengan mayor profundidad o, al menos, que resulten más creíbles. ¡Juega con sus demonios interiores!


8-    Haz que se expresen con naturalidad


Hay quien, creyendo dar un toque de realismo, utiliza una forma arcaica de expresarse y recurre a expresiones que cree propias del Medievo (Hollywood y su forma de llegar al público tienen mucho que ver en esto). Pero, ojo, buscar la sencillez en la expresión no significa renunciar a la precisión en el vocabulario.


Según el contexto, puede que tus personajes se expresen de una forma parecida a esta ocasionalmente: «En verdad os prometo, noble guerrero, que esa magia tan poderosa podría traspasar el mundo conocido, llegar a los confines del Infierno y resucitar, en su camino, a las huestes del Emperador del mal». Pero eso no significa que tengan que hablar de una forma tan pomposa y tan artificial todo el tiempo. ¿Acaso tú, al hablar, usas un estilo formal las 24 horas del día (sí, incluso cuando duermes, en sueños)?


9-    ¿Necesitas una profecía y un elegido?

¿Nunca te has preguntado por qué la fantasía siempre recurre tanto al «elegido que ha de cumplir la profecía»? Muchas series de libros como Las crónicas de Narnia, las de Shannara o Las joyas negras… echan mano de este recurso tan sufrido. Cuidado con este recurso, porque si no aporta nada a tu relato, quizás te convenga preguntarte si de verdad merece la pena usarlo. Si decides incluirlo, asegúrate de que de verdad ser un elegido o cumplir una profecía es algo importante y que puede enriquecer la trama. No los hagas solo porque sí, porque, en ese caso, lo único que harás será añadir un relleno del que podrías prescindir perfectamente.




10-    Explora subgéneros menos explotados

Hay subgéneros que no pasan de moda, y uno de ellos es el de la fantasía gótica, en la que raramente suelen faltar los vampiros. Estos saltaron hace algún tiempo de la literatura de terror, donde tenían como objetivo mostrarse, ante el lector, como los malvados —y feos—seres de ultratumba que eran. La fantasía los ha «reclutado» y, lejos de asustar, ahora se muestran como unos bellos seductores para una audiencia, en su mayor parte,  adolescente.


Otro subgénero sobreexplotado es el de la fantasía épica, sobre todo inspirada en el Medievo, y que cuenta con legiones de seguidores. Su éxito siempre se ha visto potenciado por los videojuegos, el cómic y los —cómo no— clásicos juegos de rol. Sí, sabemos que ya lo sabías; no nos lo reproches.

Visto lo visto, si vas a dedicarte al género fantástico… ¿no sería mejor que te decantaras por un subgénero menos explorado? Por ejemplo, uno de los subgéneros que no cuenta con tantos seguidores, al menos en España, como la fantasía épica y la gótica es el steampunk  —puede que algunos nos apaleen por no incluirlo dentro de la ciencia ficción—. Para aquellos que no lo sepáis, el steampunk se caracteriza por recrearse en la moda victoriana y, en algunos casos, también en ciertos tintes de espectáculo burlesque. Además, posee una imaginería en la que abundan los engranajes, las ruedas dentadas, las máscaras de gas retro y, en general cualquier engendro mecánico que pueda despertar fascinación —¿algún steampunker en la sala… que quiera corroborar o aportar su opinión?



11-    El viaje como pretexto


¿Qué es un relato fantástico sin un viaje en busca de una meta o una huida para encontrar un lugar más seguro donde vivir? Le debemos mucho a autores clásicos como Homero, con La Odisea, en un viaje por unas Cícladas llenas de criaturas, peligros y deidades más propias de un mundo de fantasía que del mundo real.



12-    Dibuja un mapa

Si vas a crear un mundo fantástico, incluir un mapa más o menos detallado hará que los lectores no se pierdan al acompañar a los protagonistas en sus aventuras. A veces, dar detalles sobre cómo llegar de un lado a otro no es suficiente, y es muy fácil perderse en las explicaciones.  




                             
13-    Utiliza los sueños como fuente de inspiración

Si hay un lugar donde el ser humano posea una forma innata de alterar la realidad es dentro de los sueños. Y si tú, además, tienes buena memoria, ¿qué mejor que utilizarla para escribir sobre aquello que has soñado y, por unas horas, pensabas que era real? Ya lo decía Shakespeare: «Estamos hechos de la materia de nuestros sueños». Trata de anotar aquellos pasajes o aquellas viosones que te han provocado un sentimiento concreto y pregúntate por qué.



14-     Introduce toques de humor

De forma parecida a lo que ya comentamos en el post sobre las novelas románticas, un mundo de fantasía se puede venir abajo sin unos personajes o unas situaciones que incluyan un poco de comicidad o de ironía. Si antes decíamos que un personaje no puede hablar con el mismo tono formal y caballeresco todo el rato, tampoco puede estar serio desde que empieza hasta que acaba la novela, con cara de estreñimiento absoluto. Sé condescendiente con tus lectores y dales, de vez en cuando, un motivo para sonreír. La tensión narrativa sube y baja a lo largo de la novela. No puede estar siempre en el pico más alto. 


15-    Inventa tu propio vocabulario

Valirio, lembas, wingardium leviosa… ¿te suenan estas palabras? Entonces es que no has prestado atención a las obras de G. R. R. Martin, Tolkien o J. K. Rowling. Si vas a  inventar un mundo propio, qué menos que crees un vocabulario original o incluso una lengua entera, como hizo Tolkien con la lengua élfica o Martin con el dothraki y el ya mencionado valirio. Aunque parezca un detalle menor, es tal éxito de estas dos lenguas ficticias que incluso cuentan con comunidades de fans que tratan de aprender a hablarlas. ¿Serás capaz tú de componer una lengua que también cuente con seguidores? ¿Por qué no intentarlo?

Por:  @NLutefisk



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2 comentarios:

  1. ¿Y que hay de mezclar subgéneros de la fantasía o que trastoquen seres clásicos como los vampiros?
    Estoy trabajando en una novela inspirada en los mitos lovecraftianos, aunque tiene un toque más de aventura con toques de terror. No sé si estoy haciendo un despropósito o voy bien encaminado.
    ¿Qué opinas?

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    Respuestas
    1. Hola, Memovalera. No es un despropósito, en absoluto. Soy partidario de mezclar subgéneros, siempre que sea para innovar. Además, con la diversidad que existe hoy en el terreno de la ficción, sería absurdo hablar de subgéneros 100% puros. Así que, si con ello consigues aportar originalidad a tu narración, te animo a hacerlo. ¡Adelante!

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