miércoles, 10 de mayo de 2017

10 formas de mejorar tu novela romántica


¿Por qué ya no se vende tan bien la novela romántica? Hasta hace poco, provocaba dos reacciones muy opuestas: medio mundo las amaba y el otro medio las odiaba hasta la náusea. Ocurre que es un género que se vende muy bien o, al menos, se vendía bien hasta que empezaron a publicarse y autopublicarse novelas románticas a tutiplén y en las que más allá del simple enamoramiento/babeo recíproco de los protagonistas no había argumento. Dicho de otro modo, había cantidad pero no variedad. 



Cada vez más, las este tipo de novelas se iban pareciendo más las unas a las otras, hasta formar un ejército de clones en las que el único elemento original era que la protagonista viajaba a algún lugar exótico y describía un poco el ambiente. Hoy, ante tanta producción y saturación, parece ser que ya no hay tanto boom de novela romántica, pero en muchas sigue faltando originalidad, así que si quieres que tu obra destaque sobre las demás, te invitamos a que pruebes estas 10 formas de mejorar tu novela romántica



1-    Describe el físico de forma original


Ve más allá de los «ganchos hormonales» fáciles, de lo que cualquiera vería en un cuerpo Danone. Escribir sobre abdominales bien definidos y abultados, mandíbulas cuadradas, ojos claros y aires de seguridad puede hacerlo cualquiera, pero personalizar esos rasgos dará un toque de color a la caracterización de tus personajes. Y por personalizar nos referimos a recurrir a la visión de los enamorados, a los rasgos físicos que solo ellos aprecian y que no encuentran en los demás. Céntrate en los efectos que les causa el físico, en lo que ello refleja. Por ejemplo, no todas las sonrisas que nos parecen perfectas son iguales; siempre habrá algo que haga destacar una sobre el resto.

Así que en lugar de limitarte a la pura descripción típica de «X tenía los ojos claros, el cabello corto y oscuro, y la nariz respingona», di qué provocan esos ojos claros, ese pelo corto y oscuro y esa nariz respingona en una persona para que se enamore de X. Procura expresarlo de forma natural; intelectualizar demasiado las emociones puede restar crédito a tu narración.     



2- Redefine los amores imposibles

Añade obstáculos que los protagonistas hayan de romper. La falta de barreras es el talón de Aquiles de muchas novelas románticas y por ello resultan insulsas. ¿Hay algo más aburrido que una historia de amor en la que no ocurre nada más allá de un tropiezo, por parte de uno de los dos, y la posterior reconciliación de ambos?

Uno de los esquemas más machacados es algo parecido a este:


• A conocen a B y se enamoran.
• B la pifia (normalmente él) con A.
• Se reconcilian, son felices y comen perdices. Fin.

¿Cuántas novelas románticas siguen el mismo patrón y se han hundido por no introducir conflictos narrativos sólidos? Diferencias sociales, culturales, miedos… cualquier cosa se puede utilizar como obstáculo en una relación; obstáculo contra el que, por supuesto, los protagonistas lucharán para conseguir estar juntos.





3- Contextualiza

Hay quienes ubican su novela romántica dentro de un contexto histórico determinado, en el que incluyen, como telón de fondo, guerras, exposiciones universales, dictaduras, revoluciones, catástrofes…  Eso no significa que, para ser original, tengas que situar tu historia en una época determinada. Pero si la sitúas en contextos como, por ejemplo, escenarios más propios de una novela de terror, de ciencia ficción, de novela negra… siempre podrás jugar con más recursos argumentales. 



4- Cuándo incluir las escenas de sexo

Es complicado generalizar, ya que todo depende del arco narrativo de tu novela, así que te damos dos opciones: si incluyes la primera escena sexual entre los protagonistas muy pronto, podrás jugar antes con los conflictos narrativos y tendrás más margen para desarrollarlos. En cambio, si la incluyes a partir de la segunda mitad del libro, conseguirás una progresión en la tensión sexual. Como ves, ambas opciones tienes sus ventajas; pero solo tú decides cuál es la que se adapta más a tu escrito.

También es importante que el sexo juegue un papel decisivo más allá de excitar a los lectores, de manera que suponga un punto de inflexión en la trama. El sexo puede suponer celos, un embarazo, la consolidación o el fin definitivo de una relación… algo que dé lugar a que el argumento tome fuerza.




5- ¿Necesitas un final feliz?

Quizás no, pero eso no implica restarle emotividad. No quieras ser siempre complaciente con el lector y darle el final satisfactorio que espera. No seas previsible. Los giros argumentales de última hora como, por ejemplo, la muerte de uno de los dos amantes, darán un toque original a tu obra. ¿Acaso no terminaba así la lacrimógena Love Story, la película romántica por antonomasia? Un final trágico puede ser tan emocionante e igual de contundente —o más—que un final feliz.




6- Los diálogos planos

El segundo talón de Aquiles que hace que muchas novelas románticas (y, en general, cualquiera) fracasen. Fíjate en este diálogo entre dos enamorados:

—Te quiero.
—No tanto como yo a ti.
—No puedo vivir sin ti.
—Ni yo.
—Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida.

Antes de tocar fondo en esta empalagosa espiral de caramelo, te diremos que es normal que los protagonistas hablen de lo mucho que se quieren. Sin embargo, encontrar conversaciones parecidas a esta una y otra vez en la misma novela acabará por cansar. Ya sabemos que se quieren, el lector sabe que se quieren, todo el mundo sabe que se quieren… incluso antes de que se dijeran nada, seguro; así que procura que los diálogos —como ocurría con las escenas de sexo— aporten algo. La clave está en añadir información nueva, algo de ingenio… en dar toques de ironía, de picardía… En definitiva, los diálogos han de tener chispa. ¡No te pongas a repetir las mismas frases de chichinabo de culebrón! Fuera tópicos… o al menos redúcelos. Di NO a los diálogos insulsos para rellenar páginas y escribir novelas como churros (y por churros no solo hablamos de cantidad, sino de calidad).



7- Juega con los flashbacks

Conocer el pasado de los personajes les aportará mayor profundidad y dará un sentido al porqué de sus acciones y sus comportamientos de hoy. Conviene no usarlos al poco de empezar la novela y que los dejes para más tarde. Deja que los lectores sepan primero cómo son los protagonistas actualmente y, una vez se hayan familiarizado, alimenta su curiosidad retrotrayéndoles al pasado. ¿Acaso cuando haces nuevos amigos o tienes una nueva pareja no sientes curiosidad por saber más de sus raíces? Haz lo mismo con tus personajes.

Por otro lado, los flashbacks, al permitirte saltar en el tiempo, harán que tu novela sea menos lineal  y que puedas introducir algo de variedad.



8- Usa el humor para romper la tensión

No abuses de la seriedad. Es imposible estar serio las 24 horas del día. Así que haz que tus personajes cometan alguna torpeza, que comentan algún fallo que aporte algo de comicidad a la historia… En general, incluye algún recurso que nos haga esbozar una sonrisa, o reir directamente, que nos aleje de la idealización del amor. Con esto conseguirás humanizar a tus personajes. Demasiada perfección aburre.

Si crees que esta parte no es importante, recuerda que la comicidad es uno de los puntos fuertes de, por ejemplo, las novelas de Bridget Jones, donde el humor siempre aparece en el momento preciso y no llegar a empaparlo todo, de modo que no solapa totalmente lo sentimental. 





 9- Deja cliffhangers al final de cada capítulo

Y por cliffhanger entendemos gancho; es decir, cualquier giro argumental que haga mantener el suspense y que haga que el siguiente capítulo no sea nada previsible. 



10- Equilibra bien los puntos fuertes y los puntos débiles de cada escena.

Hay un horroroso porcentaje de novelas románticas que ni siquiera tienen puntos fuertes, y en los que la narración y la descripción se nutren de información absurda, que bien hubiera podido evitarse y que, por supuesto, no aporta nada a la trama. También ocurre que se abusa de según qué acciones y aparecen de forma repetitiva, con el fin de alargar la historia innecesariamente y rellenar páginas y páginas again and again.

Acciones frecuentes

· Quedar para tomar litros y litros de café, lo cual no es del todo malo si el diálogo que lo acompaña es sustancial. 


· Mirarse a los ojos 700 veces por página (las novelas que abusan de este recurso también se podrían conocer como novelas no-es-país-para-ciegos).


· Abrir o cerrar una puerta 8000 veces por capítulo. Si no es para dar un portazo que muestre desaire, para dar a alguien con la puerta en las narices y mostrar un desplante, o algo parecido, ¿qué sentido tiene repetir un detalle tan absurdo?





Si tienes que recurrir a alguna de estas acciones, lo mejor es que la introduzcas entre dos pasajes con una buena potencia narrativa o entre giros argumentales muy fuertes, de forma que, tras leer un pasaje que resulte insulso, el siguiente pasaje que tendrá solidez argumental pille desprevenido al lector. Dicho de otro modo, utiliza una especie de estructura de sándwich de varias plantas con los puntos fuertes y débiles de tu novela. Naturalmente, cuanto menos abunden estos últimos, mejor.



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Por:  @NLutefisk


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