lunes, 19 de septiembre de 2016

Acaba con estos 10 clichés de novela negra





Los autores de novela negra raramente suelen salir de este género. Sin embargo, hay excepciones: el mismísimo Arthur Conan Doyle hizo algo más que escribir historias de Sherlock Holmes por entregas. Un ejemplo más cercano lo tenemos en Vázquez Montalbán, que no solo dedicaba tiempo a su famoso detective Pepe Carvalho, sino que también escribía ensayo, poesía y alguna que otra novela de corte experimental.
No hace falta que llegues a tanto nivel productivo, pero, si te gustan las historias de detectives, quizá te venga bien conocer los 10 clichés que deberías evitar al escribir novela negra. Además, te animamos a que te hagas algunas preguntas sobre ella. Quizás te inviten a reflexionar y a darle un toque de originalidad a tu obra.



1-    Se suelen enfocar desde el punto de vista de un detective privado, de un inspector de policía o de un periodista (casi siempre hombres).

¿Es necesario que siempre la protagonice un detective o alguien que ejerza como tal? Vayamos aún un poco más allá: para que se considere novela negra, ¿hace falta que la historia incluya una investigación? Si esa obra la protagoniza un criminal —como sucedía en los libros de Tom Ripley, escritos por Patricia Highsmith— y no se enseña una investigación en ningún momento, ¿podemos catalogarla como novela negra?



2-    Los policías no tienen buena fama

 Naturalmente, esto lo aplicamos a aquellas novelas que no están protagonizadas por agentes del orden. Cuando el protagonista es un detective o un periodista, los policías suelen aparecer retratados como unos memos, como unos incompetentes o, directamente, como unos corruptos.





3-    El investigador tiene un pasado difícil

Normalmente se debe a que su pareja/familia fue asesinada/desapareció/murió en un accidente.


Otro elemento del pasado tormentoso es que sufriera algún tipo de tortura que le dejara secuelas, secuelas que, en algún capítulo o en alguna de sus historias, deberá superar enfrentándose a sus miedos.


4-    Barra libre de drogas

Como consecuencia de ese pasado, beberá/esnifará para olvidar/calmar un dolor insoportable y que le persigue.


¿Y todo esto… por qué? ¿Por qué los investigadores de novela no pueden llevar una vida más cómoda? ¿Tanto nos atrae el morbo de ver protagonistas traumatizados?


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5-    El pesimismo y el cinismo le definen

¿Qué es un detective sin una pizca de humor negro, sin una chispa de ingenio hiriente o falto de sarcasmo? Pues hoy en día quizás sea un detective original, que prescinde de tópicos requetefritos. ¿Se los debemos a autores como Raymond Chandler y a los detectives encarnados por Bogart y compañía en el cine?   

 



6-    Casos de suicidio que no son tales

Si al poco de comenzar la novela aparece una víctima de suicidio, ten por seguro que antes o después se demostrará que, en realidad, fue un asesinato orquestado por una mente perversa para que pareciera un suicidio. A menudo es esa policía inepta, de la que hablábamos antes, la que yerra al precipitarse en el diagnóstico, y, por supuesto, es el protagonista quien acaba por abrir unas vías de investigación propia y resolviendo el caso, a pesar de tener adicciones muy fuertes que a cualquiera de nosotros nos freirían el cerebro. ¿Hay recursos más manidos que este?



7-    En cualquier momento puede aparecer una congregación pseudoiluminati

Y esta moda se la debemos, en parte, a Dan Brown. A partir de El código da Vinci, ha habido autores que no han tenido reparo en meter sectas satánicas, iluminatis, y sociedades secretas dentro de un mismo saco. Estas congregaciones siempre están detrás de secuestros, sacrificios humanos, planes universales de aborregamiento de la humanidad… y son todas más malas que Carracuca. Porque, no nos engañemos: las sociedades con fines filantrópicos no tienen ninguna razón de ser en la novela negra; al menos, por ahora. ¿Será que la filantropía no es comercial?





8-    Los códigos secretos

¿Qué es eso de usar el alfabeto para comunicarse como una persona corriente? Si en la obra existe un grupúsculo con aviesas intenciones para la sociedad, sus miembros suelen recurrir a lenguajes cifrados que incluyen lenguas muertas, códigos alfanuméricos retorcidos, interpretación de señales según unos patrones… que, por supuesto, el protagonista acabará descifrando... El autor suele pensar que, para que estos códigos calen más hondo en el lector, deberán ser bastante antiguos (si tienen su origen en algún libro sagrado o en algún tratado de filosofía, mejor que mejor).



9-    Los estereotipos femeninos

Tradicionalmente, el papel de la mujer en este género era el de:

a)    Secretaría del detective.

b)    Clienta del detective

c)    Amante del detective (que, comúnmente, era la secretaria o la clienta)

 Por fortuna, la novela negra se está abriendo, cada vez más, a que las mujeres sean las protagonistas de este género y resuelvan crímenes. Por ejemplo, en la literatura hispana contamos, desde hace alguna que otra década, con las historias de la inspectora Petra Delicado, creada por Alicia Giménez Bartlett, o de la periodista Olga Lavanderos, del autor  Paco Ignacio Taibo II,  personajes nacidos antes de que la novela nórdica aterrizara por estos lares con las historias de la hacker Lisbeth Salander, de Stieg Larsson, o de la detective Sarah Lund, de Søren Sveistrup. Tanto unas como otras han ayudado a renovar un género en el que, prácticamente, la única mujer que resolvía crímenes era la famosa Miss Marple, de Agatha Christie.




10-  La autopsia

¿Es necesario que en la novela policiaca haya cada vez más autopsias? Esto, más que un cliché, es una plaga que ha saltado a otros formatos de ficción, como la series de TV. Haz la prueba: ponte a zapear, haz un barrido con el mando a distancia de tu TV y, seguro que, en menos de 5 minutos verás que en algún canal aparece una escena que tenga lugar en una morgue o en un laboratorio forense.


¿Se te ocurren más clichés de novela negra? Seguro que sí. Nos los puedes plantear en los comentarios.

Por:  @NLutefisk

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