lunes, 19 de septiembre de 2016

10 claves para escribir teatro. Dramaturgia rápida.



Una gran cantidad de escritores elige la narrativa como patio de recreo para desarrollar sus historias. En menor medida, otros optan por la poesía —en parte, debido a que la poesía vende menos que la narrativa—, para dar rienda suelta a sus reflexiones y locuras o para experimentar con los significados. 
Y por último, dentro de la gran turbamulta de escritores que pueblan la Tierra, encontramos una minoría de dramaturgos, unos pocos valientes que cultivan un género que quizás hoy no cuente con tantos adeptos como en otras épocas. ¿Te gustaría formar parte de esta pequeña categoría de valientes y ayudar a que crezca? Si quieres y no sabes por dónde empezar, te planteamos 10 claves básicas para escribir una obra de teatro. Presta atención:  


1-    Piensa en el lector antes que en el público

Si quieres que tu obra se vea representada en algún momento, es mejor que lo hagas pensando en aquellos que la van a leer antes (lectores beta, editoriales…), porque si primero no seduces con la letra, tendrás pocas opciones de ver tu obra en el escenario.


2-    ¿Qué estructura sigue una obra de teatro?

Una obra se suele dividir en 3 actos y cada acto en escenas (sí, sabemos que esto es muy básico y que no es nuevo para ti, pero ten cuenta que hay mucha gente que nunca se ha acercado al teatro y, quizás, este tipo de artículos le ayude a comprenderlo un poco mejor).


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3-    ¿Siempre deben dividirse en tres actos?

No. Simplemente se hace así porque funciona bien y es «digerible». Tradicionalmente, esta división se ha atribuido a Aristóteles, de quien se dice que sentó las bases del teatro en su Poética. Pero lo cierto es que no es así: a grandes rasgos, él solo dijo que las historias debían tener un planteamiento, un nudo y un desenlace. En realidad, afirmar que cada obra de teatro ha de tener 3 actos es como decir que cada novela ha de tener 20 capítulos justos.

Si este esquema clásico es demasiado lioso para ti, siempre puedes recurrir a la opción de escribir una pequeña obra de un solo acto, que en principio no debería superar los 40 o 45 minutos de representación.


4-    Diálogo espaciado

Deja grandes espacios antes y después de que intervenga un personaje. La apariencia de tu escrito será mucho más diáfana y los diálogos resultarán mucho más legibles.



5-    No te pases con la caracterización

Sucede que, al comenzar un acto y presentar a los personajes, hay autores que dan demasiadas pautas al lector sobre el aspecto o la personalidad de estos. Excederse en la presentación suele ser contraproducente, ya que si detallas al milímetro su psicología o su forma de actuar antes de que intervengan, seguramente tu obra se volverá previsible y te cargarás el factor sorpresa.



6-    ¿Cómo deben ser las indicaciones? 

No importa el estilo, siempre que representen una imagen o una idea clara, tanto si se hacen en un tono más bien lírico (del tipo “una ola de pesadumbre invade la habitación”) como si son simplemente funcionales (del estilo “el personaje X lee el periódico mientras desayuna en pijama”).


7-    ¿Ha de ser muy largo el guion libreto?

Depende del carácter de tu obra. Ten en cuenta que una representación suele durar entre 90 y 120 minutos. Un pequeño truco para calcularlo es que la leas en voz alta y así saber cuánto tardas, teniendo en consideración el «tiempo muerto» transcurrido entre cada escena y cada acto.



8-    Menos presupuesto

¿Estás escribiendo una obra de teatro… o un guion de Hollywood? Una obra que requiera pocos elementos en el escenario siempre será más fácil de llevar al teatro que una que necesite una producción más compleja. ¿Por qué? Porque se podrá adaptar mejor a las características de los teatros más pequeños o con menos recursos (y si no, siempre se puede recurrir a la representación minimalista, a lo Dogville, que nunca pasa de moda). De todos modos, un gran despliegue técnico no significa una mejor representación; lo que importa es que la obra sea buena y los actores también



9-    La curtain line

Usa una curtain line al final de cada acto. La curtain line es un pequeño gancho argumental para crear suspense, expectación y, en definitiva, dejar al público pegado a la butaca al final de cada acto y con ganas de más. Para entendernos, es cualquier «artimaña» que nos deje pensando «¿y qué va a pasar ahora?».

En narrativa, este recurso se conoce como cliffhanger —literalmente, colgando de un precipicio— y se usa en el último párrafo, e incluso en la última línea, al final de un capítulo.





10-    Cuida los diálogos (incluso más que en una novela)

En el teatro, un diálogo ha de condensar mucha información en muy poco tiempo. Ten en cuenta que, a diferencia de una novela, donde el lector marca el ritmo de la lectura, una obra se representa a contrarreloj, así que, como autor no puedes recrearte en aquellos diálogos de relleno, que no aportan nada y que, sobre todo, se eternizan. 


Por:  @NLutefisk

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