martes, 1 de noviembre de 2016

Decálogo para que tus personajes sean creíbles





Yo no soy mala... Es que me han dibujado así

                                                    Jessica Rabbit


¿No sabes cómo dar vida a tus personajes? ¿Te has bloqueado al tratar de desarrollarlos? Te damos 10 ideas para que puedas llenarlos de matices.


1- No gastes todas las balas.


Muchos escritores afirman que añaden sus propios rasgos a algunos de sus personajes. Dar un toque realista y hacerlos a tu imagen y semejanza es una forma de conferirles personalidad, pero hacerlo de modo que resulten creíbles requiere algo de maña. Has de tener en cuenta que, a no ser que estés escribiendo tu biografía, si creas un personaje excesivamente basado en tu vida y en tus experiencias... ¿qué vas a dejar para los de tus próximas novelas?


Recuerda que, cuando escribes, la originalidad lo es todo. Así que, si llevas una vida corriente, como la mayoría de los mortales —o incluso monótona— y trasladas toda esa cotidianeidad a tus páginas, es posible que restes fuerza a tu historia. Tampoco se trata de que el protagonista de tu novela haya de ser Indiana Jones y que su vida sea acción y emoción constantemente; simplemente intenta encontrar el equilibrio a la hora de dotarlo de un carácter determinado.





2- Ponte en su piel.


Seguramente, te resultará más fácil identificarte con algunas de tus creaciones que con otras. Por ejemplo, en una novela policíaca siempre será más sencillo calzarnos los zapatos de un detective, un policía o incluso la víctima, que los del criminal. En realidad, para desarrollar los distintos personajes que van surgiendo a lo largo de la trama, hemos de tratar cada uno de ellos por separado y plantearnos cómo serán sus reacciones, según el contexto y el resto de  personajes con los que interactúen.


Para que lo veas más claro, imagina que uno de los protagonistas de tu novela pasa por el arco detector de un aeropuerto. Naturalmente, no reaccionará igual si lleva una maleta con algo de ropa y objetos personales de aseo que si, además, ejerce de mulero y lleva 70 bolas de hachís ocultas dentro de su cuerpo. ¿Se comportará del mismo modo? Tanto en uno como en otro caso debes calcular cada detalle, cada reacción. Huelga decir que todo esto depende del realismo que quieras aplicar en ambos casos.






3- Explota los contrastes en su justa medida.

Éste es un recurso viejísimo, pero efectivo, al fin y al cabo. Piensa en un historia en la que dos protagonistas tengan caracteres opuestos. ¿No te viene ninguna a la mente? Don Quijote y Sancho son puro contraste, pero hay muchos más, sobre todo si hablamos de guiones de cine protagonizados por parejas de policías, por ejemplo.


Al resaltar ciertos rasgos de unos y compararlos con los de otros —no hace falta que lo hagas de forma muy explícitalograrás dotar de mayor profundidad a tus creaciones.





4- El escenario también tiene su corazoncito.


Haz del entorno donde transcurre la acción un ser vivo, otro personaje. Tienes tantas posibilidades para explotar este recurso... Una atmósfera agobiante, pueblos pequeños acogedores o terroríficos, grandes ciudades deshumanizadas, un ambiente familiar «ideal para la castración psicológica», la naturaleza salvaje que nos recuerda lo pequeños o lo grandes que somos, lugares de reunión donde desahogarse o poder crecer emocionalmente, paisajes desolados que invitan a la aventura, a la reflexión o  —¿por qué no? al sexo...


Ten en cuenta que nuestro entorno influye en nuestro carácter (¿acaso no se basa en eso el feng shui?). Si eres capaz de dar personalidad al espacio en el que se desarrolla tu historia, habrás logrado dar un gran paso como escritor.


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5- No todos los personajes han de ser «de su tiempo», ni clónicos.


¿Cuántas veces has escuchado «Fulanito es un chico de su tiempo» o «Menganita es una mujer de su tiempo»? ¿Te has parado a pensar qué significa eso? Normalmente, solemos entender por ello que algunas personas se adaptan mejor a los cambios que otras. Seguro que, como en la vida real, serás capaz de crear unos personajes que se adapten mejor a una situación determinada que el resto. Es posible que algunos, por su modo de pensar, encajen mejor en otro entorno, incluso en una etapa histórica distinta a la de tu relato.




6-  Y si los protagonistas de mi novela fueran como...


Imagínate cómo hablarían tus personajes si fuesen de carne y hueso, o cómo serían representados por tus actores preferidos, o con sus voces, al menos. Mentalmente, «ponles cara», aunque luego no lo plasmes en tu novela. En cualquier caso, esto puede ayudarte a obtener una visión algo más pulida del resultado, sobre todo si andas algo escaso de imaginación





7- Observa, observa, observa...


 Fíjate en la gente que te rodea. ¿Hay algún rasgo que puedas aprovechar de ellos para trasladarlo al papel? Seguro que si mezclas con cierta destreza detalles de varias personas de tu entorno, tanto físicos como psicológicos, conseguirás personajes bastante ricos en matices. Pero recuerda, si te excedes, es posible que caigas en los errores que comentábamos en el punto 1.






8- Huye del maniqueísmo.


¿Qué significa esto? Que te apartes de los clichés, que no te dejes llevar por el recurso facilón de diseñar personajes planos (como el empollón inadaptado, la secretaria sexy, el cuñado gracioso/tocapelotas, la testosterona con patas de gimnasio, el asesino frío y despiadado...). Dales profundidad, indaga en su vidas. Como decíamos en otro artículo, no los definas sólo por lo que piensan, sino por cómo actúan, por lo que hacen. Plantéate cosas como: «¿quiero que este personaje sea consecuente con sus propios actos y con sus principios?, ¿hasta qué punto le influye a este o a aquél su trabajo, su familia, etc.?, ¿logrará algún cambio en su vida si obra de tal o cual manera?...».





9- ¿Qué personajes te inspiran?


 «Me gustaría que el protagonista de mi novela fuera algo así como una mezcla de Harry Potter y Al Capone, o como un Cyrano de Bergerac con vigorexia, o como una de Juana de Arco del siglo XXI... o una especie de Bruja Avería con tetas de silicona...». Piensa en aquellos personajes que te inspiran, en aquellos a los que te gustaría que se parecieran un poco los tuyos, pero sin calcar, cuidado (prohibido el plagio). Seguro que tienes algún que otro personaje de ficción en mente que te sirva como apoyo.





10- ¡Están vivos! ¡Están vivooooos!


¿Nunca has tenido la sensación de que tus personajes actúan de una forma distinta a la que les habías reservado, como si fueras un dios griego y ellos los héroes que luchan contra las putadillas que tratas de imponerles? En este caso, eres tú quien decide si quieres que sigan su camino o si, por el contrario, el que no tiene suficiente fuerza de voluntad para «amaestrarlos» y hacer que sigan la ruta que habías trazado para ellos. Si «les dejas hacer», es muy importante que pienses si ello repercutirá en el desarrollo del argumento y, sobre todo, en el final. 


Pero si tienes una voluntad de granito y consigues en todo momento que cumplan tus órdenes, también convendrá que te cuestiones si no sería mejor darles algo de espontaneidad, hacer que se desvíen de esa ruta de la que hablábamos.



-Y a mí me llamaban raro...
¡Tócate la peineta!
¿Y tú, ya has puesto en marcha alguno de estos recursos?

Por:  @NLutefisk

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