miércoles, 2 de noviembre de 2016

Cosas básicas sobre poesía




¿Poesía eres tú?... ¡Poesía soy yo!


 Pero... ¿qué es poesía?

Es la eterna pregunta. No vamos a ahondar en sesudas teorías filológicas —y menos en las que se contradicen— ya que no hay una única respuesta. La poesía, como todo arte, es relativa y hay tantas maneras de concebirla... Para algunos consiste en la búsqueda de la armonía, para otros es una herramienta de denuncia social o una vía de escape para alejarse de la monotonía, e incluso hay quien no concibe la poesía sin rima (¿verso libre? Mí no entender).

En fin, se puede decir tanto de este género... Nosotros contamos con haberte hecho reflexionar un poco, al menos.

Si lo tuyo es el verso, estás de enhorabuena: te invitamos a que reflexiones un poco sobre la poesía y a que te hagas algunas preguntas que todo poeta debería plantearse.

 ¿Tengo estilo propio?

Has decidido escribir un poemario, pero quieres ir más allá de los versos de amor o de oscuridad y sociopatía que garrapateabas en el pupitre cuando tenías 15 años (normalmente acompañados de un dibujito: flores, corazones, calaveras, penes silvestres, estrellas... según te dictaran tus hormonas en aquella época). «Esta vez lo voy a hacer en serio  —te dices. Compondré algo más profundo, más maduro». Y cuando te quieres dar cuenta, lo que estás escribiendo no se distancia tanto de aquellos versitos de tu adolescencia. ¿Qué ha fallado? Lo cierto es que crear poesía es algo más complejo de lo que parece. Unos «tienen un don y lo hacen casi sin pensar» y otros cavilan y cavilan hasta exclamar «eureka».



-¿Y te preguntas qué es poesía?

 ¿Por qué lo llamamos amor cuando queremos decir poesía?

En poesía puedes hablar de cualquier tema, no sólo del amor/desamor, así que no es necesario que dediques tus versos a la persona que estimas o que te ha hecho pupita al dejarte ni que expreses tus sentimientos hacia ella evocando toda su anatomía, desde las pestañas hasta las uñas de los pies. De hecho, ¿te has fijado en que muchos poetas repiten lo mismo? «Tus ojos, tus labios, tu piel, mis venas...» (¿por qué nadie habla de «tu dulce páncreas» o de «tu fresco íleon»?). 


¡Atención, no decimos que no puedas ser original en este asunto, sólo te recordamos que éste es un camino por el que muchos ya han transitado y que es un poco árduo —pero no imposible— aportar algo de chispa! Ten en cuenta que durante siglos y siglos se ha escrito poesía sobre este tema. Aun así, siempre se puede lograr algo de frescura; todo es cuestión de proponérselo.


¿Y con una musa?

Por ejemplo, Pedro Salinas parece estar hablando de una persona amada en su poema «35 bujías», cuando en realidad se está dirigiendo a... ¡una bombilla (sí, el título ya da una pista)!

Por tanto, antes de lanzarte, plantéate lo siguiente: ¿cuánta gente ha escrito sobre amor antes que yo? ¿De verdad quiero componer algo realmente original o sólo me apetece trazar unos versos sencillos y sin pretensiones?


 ¿Y qué reglas tengo que seguir?


¿Reglas? Si por algo se caracteriza la poesía es porque nos permite ser espontáneos y liberarnos de ataduras lingüísticas. Éste es un género en el que la coherencia se deja desdibujar fácilmente y que nos permite jugar con los significados de las palabras para sorprender y provocar al lector. 


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 Entonces, ¿no tengo que consultar los apuntes del colegio? 

Claro que puedes. Nunca viene mal darnos un garbeo por nuestro pleistoceno más íntimo para buscar un punto de apoyo, pero todo depende del estilo que le queramos imprimir a nuestros versos: más libres, más encorsetados... Por ejemplo, hay quien sigue haciendo sonetos con estrambote*, como en tiempos de Cervantes (¿hay algún poeta en la sala que cultive el soneto con estrambote?), o se lía la manta a la cabeza y se tira en plancha a por el pentámetro yámbico** de Shakespeare, pero también hay quien se enamora de las vanguardias del siglo XX y, a partir de ahí, busca nuevas formas de expresión. 




Lo normal es que bebas de la lírica de otros poetas y que, poco a poco, consigas marcarle un carácter propio a tu obra. No te impacientes si no llegan pronto las musas o los musos: Roma no se construyó en un día ni Zamora se conquistó en una hora. Además, no todo consiste en  inspiración, un poco de constancia es más que aconsejable.



Estrambote: los estrambotes no son una tribu perdida. Es una forma algo irónica de dar la puntilla a un soneto, de rematarlo con gracia.


** Pentámetro yámbico: nunca pidas pentámetro yámbico en supositorios en una farmacia. Fue un tipo de estrofa muy cultivada en la literatura inglesa, sobre todo en la Época Isabelina.


Por:  @NLutefisk



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