miércoles, 22 de junio de 2016

7 ideas para dinamizar tu novela


-No vendo ni un ejemplar. Luhu, aconséjame.
-Of course, Harley Quinn. Desde luego eres más maja que tu novio



¿Crees que con tener una idea original, usar un estilo bonito y recargado o un vocabulario rico ya tienes el libro hecho? Eso es solo el principio. Primero, la idea, el argumento… ha de atraparte a ti, ha de remover algo en tu interior. Llegar a tener esa buena idea y desarrollarla es complejo, pero más lo es transmitirla en forma de relato, de historia con gancho. Por eso te damos 7 ideas para dinamizar tu novela. ¡Dale ritmo!





1- El principio



Uno de los errores más frecuentes, al comenzar un relato, es empezar a describir hasta la náusea el escenario y dar demasiados datos sobre los protagonistas (qué beben, cuánto fuman, si usan ropa interior para dormir o no…). Los detalles, tanto de lugares como de personajes, se han de dar en los momentos oportunos.



2- El tono del narrador



¿En qué tono habla? El narrador ha de ser un personaje más, tanto si aparece en primera persona como en tercera. No es lo mismo que sea un niño que un adulto. La perspectiva cambia de uno a otro; sobre todo, según sus circunstancias (el extracto social, emocional, etc.). 

Hay que ser muy pícaro con este recurso. Por ejemplo, si es un niño quien habla —como decíamos— o un adulto muy inocente, el lector ha de tratar de ver más allá de ese tono «blanco», ha de ver cosas que quizás pasen inadvertidas al propio narrador, que se expresa según ese carácter ingenuo, pero no para el lector, que adivina mucho más de lo que dice ese cándido narrador.



-Yo soy la cándida narradora. ¿Sorprendid@s?




3- Expresa mucho con pocas palabras



Sintetiza la información, utiliza un vocabulario preciso y que se adapte al carácter de cada personaje.



4- Juega con los momentos de tensión



 Piensa en la tensión narrativa como en una pelota de baloncesto: consíguela, mantenla y… lánzala.



Estos momentos pueden ser breves e intensos —microintensidad—, que aparentemente no lleven a nada pero que ayuden a mostrar algunos rasgos psíquicos de los personajes, o algo más prolongados y complejos —macrointensidad— y que repercutan visiblemente en el desarrollo de la trama.



Es aconsejable que no prolongues demasiado la tensión. ¿Por qué? Porque el lector tiene un límite para acumularla. Demasiada seriedad, demasiada angustia contenida, demasiado tiempo de incertidumbre y dudas a lo «¿qué cable corto, el rojo o el verde?» van a provocar que el lector se canse o que, por el contrario, le dé por reír y empiece a tomarse tu novela a guasa. Y tú no quieres ninguna de esas dos reacciones, ¿verdad?

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Esta tensión se suele interrumpir recurriendo momentáneamente a las subtramas, a las historias de los personajes secundarios, o a detalles absurdos, que ayudan a desviar un poco la atención del lector y que ayudan a «que tome aire» antes de sumergirse, de nuevo, en la acción principal.  



Este recurso se utiliza mucho en la novela romántica, en la que la tensión entre los dos amantes se ve interrumpida momentáneamente por otra pareja, por un amigo común con un problema distinto al de estos, etc.



-¿Que mi novio ya había estado consultando con Luhu?
¡No tenía ni idea!¡Me ha mentido!
-Seh...pero es muy mal escritor y no escuchaba
-Me tiene harta. ¡Lo dejo!

5- Secretos



Como decíamos al principio, no des toda la información de los personajes nada más empezar. Una vez sientas que el lector se ha identificado con alguno de ellos, empieza a desvelar secretos, detalles que no encajen con el concepto que se había formado de tal o cual personaje. En definitiva, crea confusión, altera algún rasgo de uno de ellos y pon patas arriba el mundo que has creado.


6- Ritmo y fragmentación
Si notas que hacia el final, tú estilo narrativa se ralentiza o empieza a resultar muy pesado. Acelera el ritmo fragmentando más las escenas e intercalando pequeñas partes de subtramas en las trama principal, hasta que todo fluya y confluya a un mismo ritmo en la conclusión. 

7- Equilibra verbo y adjetivo


Verbo = acción

Adjetivo = descripción.

Si das más protagonismo a los verbos, conseguirás que la acción avance. Sabemos que esto es muy obvio, pero de vez en cuando conviene recordar que los pasajes en los que abundan los adjetivos están hechos con una finalidad descriptiva. Si abusas de ellos cuando tu relato te pide agilidad, acción, ritmo... estos
pueden ralentizar la acción narrativa. ¿Acaso al andar por la calle te paras en TODOS los escaparates que ves (incluso yendo de paseo)? Cada recurso tiene su momento.


-No me lo creo. He agotado ya las 2 primeras ediciones de mi libro.
-¿Lo dudabas? ¡Ah! Mira los consejos que le dimos al Joker

Por:  @NLutefisk

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1 comentario:

  1. Hola.
    Me encanta el tono y el contenido de su blog. Estoy totalmente de acuerdo con ustedes.
    Desde ya tinen a un lector recurrente.
    Un abrazo.

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