jueves, 10 de noviembre de 2016

4 problemas típicos de escritores. ¡Soluciónalos!




Con la cabeza hecha un lío me hallo, señores

Nadie dijo que escribir fuera fácil. ¡Admítelo! Seguro que, cuando empezaste a escribir, pensabas que tendrías muchos momentos de inspiración y que eso de desarrollar ideas era pan comido. Porque tener una gran idea es lo mismo que saber desarrollarla, ¿verdad? ¿No? ¿Cómo es posible? ¿Qué te impide hacerlo? Quizá sea alguno de estos 4 problemas que encuentras al escribir.






1-      ¿Cómo empiezo?



Ya tienes la idea argumental. Te sientes inspirado y… ¿qué haces? Comenzar por el principio, por el capítulo I. Es lo lógico, ¿verdad? Pues no. Hay momentos en que te sientes más inspirado para escribir otras partes de tu libro —por ejemplo, el clímax— por mil motivos: porque el comienzo no te motiva, porque sientes que tienes poca imaginación para acometerlo... Aprovecha esos ratos en que crees que puedes desarrollar mejor esas otras partes. Pocos autores escriben de forma lineal; así que no serías el único.






2-      Procrastinar



Ya estás metido en harina. Ahora es cuando toca consolidar bien la trama y no dejar ningún cabo suelto. Llevas un buen ritmo narrativo, encuentras el vocabulario preciso y todo fluye. ¡Qué bien!... hasta que te quedas en blanco. «Bueno, por ahora, lo dejo. Ya lo retomaré más tarde», te dices. Pero pasa el tiempo, te haces el remolón y ya no vuelves a sentarte.



¿Y qué haces? Esperas el momento justo para escribir, porque llevas una vida muy ajetreada. Nunca paras. A todos nos pasa, por supuesto. ¿Pero qué ocurre cuando, por fin, tienes un ratito libre? «¡Uff! Ahora no tengo ganas de ponerme a teclear. Ya encontraré otro momento, cuando esté más animado». Esto es procrastinar: dejar de lado una tarea «para cuando llegue el momento». Pero... ¿qué momento? En muchas ocasiones, ese «momento» ideal para crear es un estado mental.



Para no perder el hábito de escribir, vale la pena que dejes reposar tu novela y te dediques a otro tipo de género. Escribe algo que no tenga nada que ver con tu anterior libro: un poema, un artículo, un diario, posts para tu blog… Esto te despejará y oxigenará tus ideas sin que pierdas tus facultades creativas. Ya tendrás tiempo de volver a tu novela y verla desde otra perspectiva.








3-      Las dudas



Lo sabemos: las dudas te reconcomen, sobre todo de cara al final. «Seguro que me he dejado algo en el tintero». «He atado todas las tramas y subtramas». «El final que tenía pensado es bueno; es el que quería, pero… ¿y si, mejor, lo dejo abierto? Igual así impacta más y me resulta más fácil escribir una secuela».



Lo quieras o no, siempre vas a escuchar a la voz de tu conciencia, la más dura de todos los críticos, que te atormentará con mil preguntas. Se consciente de que siempre vas a tener dudas. ¡Acéptalo! Pero eso es parte del proceso.



Dudar no es malo. Indica que tienes capacidad crítica y que no te conformas con los primeros borradores. Eso sí, si te excedes con las dudas y empiezas a retocar y a corregir con obsesión, corres el riesgo de que algunos pasajes pierdan naturalidad y se vean demasiado forzados. ¡No te pases de vueltas! A veces, la idea original es la correcta y la que demuestra más solidez.   





4-      Las prisas



Es justo lo opuesto a procrastinar. Suele haber una razón para ello: tienes tantas ganas de ver publicada tu obra que cada vez te vuelves menos escrupuloso con tu trabajo. Empiezas a dejar caer faltas de ortografía, cometes errores de sintaxis… Eres consciente de que lo estás haciendo mal, pero no quieres perder el tiempo. «Llevo muchísimos meses (o años) dándole vueltas a esta novela. Ya no aguanto más. ¡Quiero verla publicada y que la gente la empiece a comprar. La dejo así… y ya me la corregirán en la editorial, que para eso cobran». Amigo escritor, graba a fuego estas palabras en tu mente: un guiñapo corregido no deja de ser un guiñapo. La falta de cuidado repercute en tu carrera como escritor y en la editorial que se digne a recoger esa obra plagada de fallos que podías haber evitado, pero que decidiste obviar por las prisas.






 En síntesis, busca el equilibrio:



· ni prisas ni procrastinación



· dudar es provechoso hasta cierto punto



Parece obvio, ¿verdad? En teoría, lo es. Ahora solo falta llevar estos consejos a la práctica.


Por:  @NLutefisk


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