lunes, 16 de mayo de 2016

Las 5 partes de la novela: el arco narrativo


La imaginación exagera, la razón subestima, el sentido común modera
                                                                                                   
Marlene Dietrich


¿Cómo? ¿Que no sabías que una novela se puede dividir en cinco partes (quizá alguna más, dependiendo del escritor)? Pues aunque no quieras, casi siempre será así. Sí, es fácil hacerlo de forma casi inconsciente. Estas secciones forman lo que se conoce como arco narrativo. Te ayudamos a identificarlas.  


1-    La exposición.


Hablamos de montar las primeras escenas, de cómo y dónde situar la acción y empezar a definir a los personajes.


¿Pero sabes cómo empezar? Tenemos dos maneras posibles:


Lineal, exponiendo los hechos y los datos necesarios para que se vaya desarrollando la acción desde el principio. Es la forma más fácil de atraer la atención del lector.

Ejemplo típico: «Érase una vez, hace muchos años, en un reino muy lejano, un garbanzo salvaje y psicópata…».

Pero, como apuntamos siempre, no te pases con los detalles, a no ser que sea imprescindible. ¿Cuál es el riesgo de exponerlo toooodo desde el principio, de la A a la Z? Que te cargues el factor sorpresa. Recuerda: es mejor sugerir que mostrar. Ésta es una frase que habrás leído y escuchado mil veces y nunca pasa de moda.




In media res. Llegas del trabajo, entras en la cocina —revuelta— y encuentras un ganso verde picoteando un New York Times de 1961, mientras tu vecino grita y llora encogido dentro del fregadero «las plaquetas del morir, las plaquetas del morir…» y suena de fondo una canción de Rafaella Carrá a todo volumen. ¿Cómo reaccionas? ¿No intentarías saber qué ha pasado? Pues de eso trata el comienzo in media res: empiezas a contar tu historia por la mitad, como si el lector ya conociera lo que ha sucedido antes. Nada más leer unas líneas, ha de preguntarse «¿Qué narices ha pasado aquí?». Si el comienzo tiene un buen gancho, pensará «voy a seguir leyendo, a ver cómo los protagonistas han llegado a esta situación».
Has de ser muy cauto con este tipo de recurso. 


La exposición in media res es un autobús en marcha y tu lector ha de subirse a él. Con esto siempre puedes ser muy original, pero nadie dijo que ser original fuera fácil. En este caso, no es necesario que al lector le des toda la información de golpe y con cuchara; ve desgranándola, suelta pistas aquí y allá y que él mismo vaya recogiendo las piezas para que monte el puzle en su propia mente.   




2- Las acciones detonantes

Ejemplo de acción detonante: los protagonistas de tu historia van en un avión, pero éste cae en una isla desierta en la que los supervivientes no tienen recursos para alimentarse.
Las acciones detonantes son las que desencadenan los conflictos narrativos y van haciendo que la tensión argumental aumente. Escógelas bien, procura que sean dinámicas y  utilízalas para que se vea cómo tus personajes van evolucionando.



 
Ya hablamos anteriormente de los conflictos narrativos

3- El clímax. Es el punto de tensión máxima de tu historia. Nada puede fallar. Tus personajes necesitan verse envueltos en una situación fuerte que no sólo les haga reaccionar y jugar con sus sentimientos, sino también con los del lector. Es el momento de desvelar sorpresas y ver las reacciones que puedan derivar de ellas.





4-  Decrecimiento de la acción.

Tus personajes —y por consiguiente tu lector— las han pasado canutas con lo que les has hecho sufrir. ¡Qué malvado eres! Les has puesto a prueba y ahora es el momento de liberar sentimientos, de catarsis, de emocionarse… 




5- Resolución.

Tras esta catarsis, «todo ha terminado» y poco queda que contar. Toca extraer conclusiones, moralejas —si las hay—, echar la vista atrás y ver cómo han evolucionado o degenerado tus personajes. Es el…
                                                                           






¿Y por qué no dejas algunos cabos sueltos para retomarlos en una segunda parte?


Escrito por: @NLutefisk





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