lunes, 30 de mayo de 2016

Cómo crear una ficción histórica para tu novela


La Historia cuenta lo que sucedió, la poesía lo que debía suceder
                                                                                          Aristóteles.

¿Quién dijo que la ficción histórica está de capa caída? Entra en cualquier librería y antes de veinte segundos habrás leído montones de títulos en los que abundan catones, catedrales, piratas, templarios —cómo no— o luchas fratricidas dentro de las todopoderosas familias renacentistas. Verás portadas llenas de castillos, pórticos hormonados de detalles churriguerescos, buques y algún que otro chulazo o chulaza que te dirige una mirada tan felina que no sabes si quiere besarte o pedirte una lata de Whiskas.


«Viendo esto, me está picando el gusanillo de escribir ficción histórica. ¡Mira tú por dónde!», piensas. Pues Luhu editorial te ofrece una pequeña guía para orientarte durante esta tarea. He aquí 7 reglas básicas que no deberías pasar por alto.



Pregúntate sobre qué personajes históricos o sobre qué acontecimientos vas a escribir. Es más, no tienes por qué escribir directamente sobre gente célebre o sobre hechos históricos concretos. Ambos elementos pueden aparecer como trasfondo de tu historia, pero no protagonizarla. Pueden aparecer en detalles puntuales, como simples desencadenantes fortuitos de una acción relacionada con tu argumento. Por ejemplo, si vas a escribir una historia de amor entre una esclava y un patricio en el Imperio Romano, no es necesario que Julio César esté asomando las narices por tus páginas cada dos por tres (a no ser que precisamente se trate de uno de los protagonistas de tu historia). 
También te ayudará viajar al lugar donde vas a ubicar tu historia, siempre que tiengas la ocasión. Aunque ese sitio haya cambiado un poco desde la época que quieres recrear en tu novela, seguro que allí quedan monumentos, cuadros, etc. que han soportado el paso del tiempo y te pueden servir de inspiración.
No te fíes de toda la información que reúnas. Separa bien la paja del grano, porque no todo el monte es orégano; es decir, compara unas fuentes de información con otras, contrasta los datos y elige bien cuáles quieres incluir en tu relato y si son necesarios para su desarrollo o no. Si en una web lees que Leonor de Aquitania bebía orina de yegua virgen para mantenerse fuerte, no lo dudes, contrasta y luego piensa: «¿Podría escribir sobre esto? ¿Por qué? ¿Me sirve para algo?



Documéntate a conciencia. Busca toda la bibliografía que necesites. Por suerte, gracias a Internet, este proceso es hoy mucho más fácil. Consulta blogs especializados y páginas web en las que ofrezcan la información que necesitas. Y, por supuesto, para algo están las bibliotecas. Pero no toda tu búsqueda se ha de detener ahí: seguro que sabes de alguien tiene conocimientos de Historia (algún profesor, por ejemplo) que te pueda echar una mano a la hora de aconsejarte.



Recuerda que, aunque estés hablando de hechos y personajes históricos, estás escribiendo ficción; es decir, no tienes por qué ser totalmente fiel a la Historia. Se trata de recrear personajes y acontecimientos a partir de gente que realmente existió, pero no por ello has de contar punto por punto sus vidas. Tómalas como base, como punto de partida para crear tu propia novela y desarrollar tu propio argumento. Te ponemos un ejemplo: si todos los autores que escriben sobre Carlomagno se dedicaran a dar los mismos detalles sobre su vida sólo por mantener el rigor histórico, ¿en qué se diferenciarían todas las novelas sobre Carlomagno entre ellas? Se trata de que imprimas tu propia personalidad a lo que cuentas, de que hagas una novela atractiva, no de que escribas un libro de texto de historia.

Cuida mucho el estilo. Ya sabemos que esto es fundamental a la hora de escribir cualquier cosa, pero aquí es vital. ¿Por qué? Porque al intentar reproducir el habla de otras épocas es muy fácil patinar. Un ejemplo típico de patinazo es el de los diálogos artificiales y pomposos entre caballeros del Medievo, o entre feudales y vasallos, espadachines…  En éstos se tiende a usar un tono elevado y grandilocuente. Si abusamos de este tono, lo único que conseguiremos es que nuestro escrito se vuelva difícil de leer. Será como intentar andar descalzo por un pedregal mojado. ¿Te imaginas que los escritores de dentro de 300 años escriban diálogos ambientados en nuestra época y usen un estilo tan retorcidamente formal y falto de alma que, en lugar de diálogos, parezcan formularios de oficina o cartas al director de un banco (y según qué banco)?
Habrá quien, inspirado por el cine y las series épicas, se deje llevar por esta forma de expresarse en su relato y, en su defensa, argumente cosas como: «Es que si escribo así, le doy más realismo a los diálogos». Sí…, el realismo de los guionistas de Hollywood, que ayudan a estandarizar y empaquetar esta jerga caballeresca para hacer la Historia accesible al consumidor medio. 





Evita que tus personajes sean poseídos por el espíritu de la Wikipedia. Con esto no queremos decir que no la consultes, simplemente que no conviertas a tus personajes en enciclopedias parlanchinas que se limiten a ofrecer un compendio de fechas exactas y datos históricos superfluos. Corres el riesgo de que en la mente del lector se activen las alarmas. ¡Alerta: tedio inminente!
Un ejemplo típico a evitar es el del viajero que llega a un pueblo, entra en una posada, pide información sobre algo concreto al posadero y éste le suelta de golpe toda la historia del pueblo, con pelos y señales, desde su fundación hasta ese momento. Y para colmo, lo hace con un estilo neutro, totalmente impersonal, como si estuviese leyendo el Boletín Oficial del Estado o el folleto informativo de un museo. ¿Hay personajes peor diseñados que éstos?





Atrévete a introducir elementos de otros géneros. Juega con la novela negra, el  misterio, la ciencia ficción… Por ejemplo, puedes crear saltos en el tiempo y relacionar hechos pasados con su repercusión actual —no a lo Marty McFly, exactamante—; algo así como lo que hizo el malogrado Henning Mankell en El chino, una novela negra ambientada en épocas y escenarios distintos: la Suecia actual y la China y los Estados Unidos del siglo XIX. En ella, desde distintos puntos de vista, vemos cómo se conectan hechos pasados con sus consecuencias en el presente.
Otro ejemplo de maridaje literario lo podemos encontrar en Los Borgia de Mario Puzo —sí, lo has adivinado: el autor de El Padrino—, donde vemos un trasfondo de novela negra en las conspiraciones y luchas intestinas de los clanes familiares de la Italia renacentista. 

Visto lo visto..., ¿estáis preparados para viajar en el tiempo? [...] ¡Pues adelante!


Escrito por: @NLutefisk



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