martes, 27 de septiembre de 2016

¿Escribo en primera o en tercera persona?


¿Cómo voy a narrar esta historia, en primera o tercera persona? Seguro que esta pregunta te la has hecho más de una vez. No hay una forma mejor o peor, porque eso va a depender de tu habilidad para contar historias. Pero sí que te podemos mostrar las características más comunes de narrar en primera y tercera persona. 


Narración en primera persona.

1)    Al tratarse de la perspectiva de un personaje, has de ser consecuente con lo que este puede conocer de la trama y lo que no. El 70 % de las novelas con errores de trama viene dado por este tipo de agujeros. ¿Cómo puede saber tal personaje tal cosa si no estaba presente o si nadie se lo dijo? Lo peor es que la novela sigue como si nada a partir de ese fallo.

Puede que no todos los lectores se den cuenta del error, pero basta con que uno lo advierta como para que vaya corriendo de boca en boca. Como ves, no solo se trata de ser bueno con la ortografía, la sintaxis, el estilo… Por eso es bueno tener a algún amigo o familiar con quien comentar tu obra mientras la escribes. 




2)    Recuerda que este personaje va a tener una opinión sesgada de la realidad y de los acontecimientos con los que se vaya encontrando. Algo así como lo que le ocurría a Bruce Willis en El 6º sentido, donde la realidad era mucho más abrumadora de lo que él pensaba.



3)    Una característica importante es que el narrador en primera persona tiene que conseguir conectar con el lector, con ese «yo». Eso no significa que le tenga que caer bien o que sea un santito, pero sí que ha de tener algunos rasgos psicológicos con los que el lector se pueda identificar. De lo contrario, si no hay empatía entre el narrador en primera persona y el lector, difícilmente conseguiremos despertar el interés de este último. Apela a esos sentimientos universales (tristeza, rabia alegría, impotencia…) que «nos hacen humanos» y que todos compartimos en distinta medida.

4)    Pregúntate si ese narrador es un tipo con el que te gustaría mantener una conversación en un bar o si te gustaría escuchar un monólogo suyo durante un buen rato. Puede que sus ideas sean opuestas a las tuyas, pero eso es lo de menos. Ha de tener capacidad para atraer, para fascinar con su visión de la vida. Si su forma de expresarse aburre hasta a las ovejas porque lo único que hace es contar anécdotas pesadas en primera persona (yo hice esto, y luego lo otro y yo, y yo, y yo…), lo mejor será que lo retoques.

5) Por paradójico que parezca, no empieces cada frase usando la primera persona: yo empecé, hice, soñé, amé… ¿Cuándo estás con tus amigos sólo hablas de ti? Seguro que no. ¿Por qué entonces en una novela narrada en primera persona sí? ¿Acaso ese narrador no tiene derecho a hablar de otras cosas que no sean él mismo?




Narración en tercera persona

1)    Este método nos permite jugar con unas perspectivas más amplias. Puedes elegir a un narrador omnisciente, que todo lo ve y todo lo sabe —estilo narrativo ideal para principiantes— o limitar un poco más sus poderes y ofrecer una visión «filtrada» de los hechos, de forma que sugieras, que des pistas, en lugar de explicar todo lo que ocurre con cada personaje. No quieras intelectualizar cada cosa que sienta el narrador. ¿Acaso si te quemas preparando café piensas “Me pregunto por qué me habré quemado. No suele pasar; quizá sea porque he dormido poco, me he despistado y no me he dado cuenta”? No. Lo normal es que, instintivamente, vayas a por un poco de pomada para la quemadura o abras el grifo y metas el dedo en el chorro. Cuando narras en tercera persona ocurre lo mismo: no quieras intelectualizar, analizar demasiado lo que sienten los personajes, porque puede rayar lo absurdo. Prueba a combinar acción y reflexión a partes iguales. 




No intentes explicarlo todo, vas a malgastar energías en detalles que al lector puede que no le importen. Recuerda que, si quieres mantener la tensión, no expliques, sugiere, deja pistas…

2)    Si narras en tercera persona, evita mezclar estilo directo e indirecto. Presta atención.

Ejemplo:

“Si me quedo en tierra, seguro que perderé el barco”, pensó Tomás (estilo directo, correcto).

Tomás pensó que, si se quedaba en tierra, seguro que perdería el barco” (estilo indirecto, correcto).

Y ahora viene lo malo:
«Si se quedaba en tierra, seguro que perdería el barco», pensó Tomás (incorrecto).





¡Horror! ¿Tomás pensó en sí mismo en tercera persona? ¿Por qué? Pues este error lo encontramos día sí y día también en los manuscritos que recibimos como editores. Amigo escritor, no cometas este fallo; será motivo de «penalti y expulsión» de tu obra. ¡Revísala bien! 


¿Y tú cómo narras, en primera o en tercera persona? Cuentánoslo.




Por:  @NLutefisk

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2 comentarios:

  1. Francisco Mogrovejo26 de abril de 2016, 22:29

    Cuando se puede escuchar las voces de los participantes de la novela cuento etc es como sucede en la realidad,son voces varias que ven la realidad a su manera, sin duda la narrativa se enriquece y obliga al escritor a meterse en la cabeza de los personajes y hacerlos caminar por las calles.

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  2. Muy buen artículo, muchas gracias.

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