lunes, 7 de noviembre de 2016

El sadomasoquismo en la literatura



Algo tiene la algolagnia -sadomasoquismo- que, cada cierto tiempo, se convierte en un fenómeno literario de masas. Hoy te hablamos de la influencia del sadomasoquismo en la literatura.







El sadomasoquismo,
el placer sexual con dolor,
no es nada nuevo. De hecho, hay grabados etruscos bastante explícitos en los que se muestra ya este tipo de prácticas. ¿De dónde viene el término «sadomasoquismo»? Sabemos que una parte se le atribuye al marqués de Sade. Pero… ¿y «masoquismo»? Pues viene por el doctor Leopold von Sacher-Masoch, escritor natural de Galicia (Galicia, Ukrania, no la Galicia española) y autor de La venus de las pieles ¿os suena el título, fans de la Velvet? una obra que trata el tema de las dominatrix con los típicos atuendos de cuero y en la que ya se habla de los contratos de sumisión. Esto también queda patente en la obra de su esposa, que escribió bajo pseudónimo: Confesiones de Wanda von Sacher-Masoch.







 Curiosamente, ambos escritores no podían ser más opuestos en cuanto a personalidad, pues si se dice que el marqués de Sade era un torturador, Sacher-Masoch era un humanista que, además, defendió el derecho al voto de las mujeres (hablamos de finales del siglo XIX). Uno encarnaba, más allá de la ficción, el papel de tirano, mientras que el otro se decantaba por hacer de sumiso. 

En la obra de Sade, normalmente es el hombre el que ejerce el papel de dominador y la mujer de esclava sexual, como en Justine, pero estos papeles se invierten en la obra de Sacher-Masoch, donde el hombre es el esclavo sexual y la mujer la dominatrix.


Auque la cosa no queda, naturalemente, en Sade y Sacher-Masoch en este tipo de literatura. Por ejemplo, s
iempre se ha sostenido que James Joyce contribuyó a definir, a principios del siglo XX, el arquetipo de dominatrix al añadir los trajes de cuero, los tacones de aguja, las botas de caña... en el personaje de Amalia, del poema Giacomo Joyce, supuestamente inspirado en su amante, Amalia Popper. Sin embargo, esta obra no se publicó hasta finales de los años 60, justo después de la muerte de Popper. 




¿Se podría ver esto como una contribución clara al desarrollo de las dominatrix en la ficción y su consiguiente popularización en el imaginario colectivo? Sería un poco arriesgado dar todo el mérito a Joyce. Tengamos en cuenta que este libro se publica en plena ebullición de la era hippie y su concepción del amor libre, y que ya entonces existían las revistas porno o eróticas, en las que modelos como Betty Page aparecían en situaciones bondage.

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Damos un salto en tiempo y vemos que, desde hace unos años, el mundo se divide en tres facciones: los fans de 50 sombras de Grey, los que lo odian y los que… ni fu ni fa. ¿Por qué tuvo tanta repercusión entre lectores, y sobre todo lectoras? ¿Cuál fue la clave del éxito de las obras de E. L. James? Este ha sido objeto de debate de no pocas tertulias literarias y se han hecho muchas preguntas en torno a este fenómeno: ¿Cuál es el papel de la mujer en estas obras? ¿Son feministas, machistas...? ¿Por qué se anunció como porno para mamás? 

 En cualquier caso, las famosas sombras consiguieron algo: revolucionar, una vez más, el panorama editorial con la algolagnia Y no han sido pocos los clones que han llegado hasta las editoriales, aprovechando el éxito, hasta el punto de llegar a publicar manuales y organizar talleres en los que explican asuntos acerca de las funciones del dominador, del esclavo,de  los contratos... y, en los que, en definitiva, se enseña a definir los roles de ambos. 







Por:  @NLutefisk

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