lunes, 31 de octubre de 2016

Cómo funciona una editorial de autopublicación

La gente se cree que nos bañamos en esto,
pero lo cierto, señores y señoras,
es que, como están las cosas paso el mes con poco más que esto.
;)


La industria editorial ha dado un salto gigantesco en estos últimos años. La digitalización llegó para transformar los procesos de recepción, corrección, maquetación y distribución de obras, y ha hecho posible la autopublicación.

Si antes tenías que buscar editoriales en listines telefónicos, enviarles tu manuscrito mediante el correo del zar y esperar impacientemente a que el poney express llegara con una respuesta editorial para ti, hoy disponemos de tantas formas de comunicación online que estos procesos se han ido acelerando a la velocidad del rayo. Te explicamos cómo funciona hoy una editorial como la nuestra.


1-    Recepción de manuscritos. 


Tanto si nos los envía un agente literario como si nos los envías tú mismo, autor, el correo electrónico sigue siendo la vía más rápida y formal. Las redes sociales están bien para anunciarse, establecer contacto entre escritores, lectores, editores y enterarse de las novedades. Pero si quieres que un editor lea tu obra —o la del escritor al que representas, si eres agente—, tienes que dar el paso. Mándale un email y ve al grano: «Editor, este es mi libro. ¿Te gusta? ¿Qué te parece?».  



-Un escritor con talento.
¡Genial!


2-    La valoración. Criterios para aceptar una obra

Variarán según lo alto que ponga el listón la editorial, pero generalmente son:

• Una buena redacción. Los textos que llegan con un alarmante número de faltas por página ni se miran. Antes de entregarlo para valorar, el manuscrito debe estar bien revisado por el autor. ¿Llevarías a tu hijo a la guardería despeinado y sin desayunar? Tienes que poner el mismo cuidado en tu obra.

• Si es una obra de ficción, que tenga una historia con ritmo y un buen arco narrativo (a no ser que se trate de una obra experimental, arriesgada y realmente vanguardista). Si es un ensayo, que haya un desarrollo claro, desde la exposición de los hechos hasta las conclusiones (pajas mentales que solo es capaz de entender el propio autor no, por favor, y si lo son, que al menos estén bien desarrolladas). Si es poesía…, originalidad.


• Todo ello se resume en un solo criterio: capacidad para mantener el interés del lector desde el principio.


-Bueeeeno... le falta un hervorcito. ¡Repásalo y trabajamos en ello!


3-    Corrección.

Tanto la corrección de estilo como la corrección ortográfica tienen que ver con pulir defectos, no con que el corrector reescriba toda tu obra. Uno no se hace escritor atendiendo a lo que cuenta, sino también a cómo lo cuenta. Lo repetiremos las veces que haga falta: para escribir, primero es necesario apreciar la lectura (ya ni siquiera hablamos de haber leído mucho). Si uno lee —sobre todo si se trata de libros que aporten algo y que enriquezcan el espíritu—, cuando empiece a escribir, el estilo y la forma «vendrán solos». Por «vendrán solos» nos referimos a que el escritor se habrá fijado en cómo escribir y, en general, difícilmente cometerá faltas de ortografía propias de un niño de primaria.


-¡Dejad de poner mil puntos suspensivos!
¡¡¡Aggghhh!!! ¡Solo son 3!
¿¿¿Tan difícil es de entender???

4-    Maquetación.

Esta parte corresponde a profesionales del diseño gráfico. El maquetador es quien diseña la «chaqueta» a tu libro (portada, contraportada, solapas…), para seducir al lector. Ayuda a que haya un flechazo entre tu obra y su posible comprador. El maquetador es un profesional del arte; su tarea es delicada y su criterio no es nada desdeñable. Por eso es preferible seguir su consejo. 

Si el maquetador te pregunta si tienes alguna idea para la portada o qué sugiere la historia al lector, háblale de algo que recoja la esencia de tu libro. No tienes que explicarle todos los elementos clave que aparezcan en él (una chica triste, un tuareg, una puerta, un pato, una torrija…). A no ser que el maquetador y tú hayáis pactado que la portada sea un collage o algo parecido, no quieras sumergir al lector en un potaje de símbolos antes de que abra el libro. Estos potajes marean y restan profesionalidad al conjunto.

Ya lo dice el polifacético artista Chip Kidd (autor de la portada de Parque Jurásico, de M. Crichton y de algunos diseños de Batman, entre otros muchos trabajos): «No intentes explicarlo todo en las cubiertas; si escribes “manzana”, no enseñes la foto de una manzana, porque das información innecesaria y tratas al lector como si fuera un niño». 



-Ya estamos...otro escritor que
quiere poner un ramo de rosas en la portada

5-     Distribución


Buena parte de la producción se distribuye ya en formato digital, así que los costes de distribución son casi inexistentes (y además no hace falta talar inocentes arbolitos).

«Sí, pero a mí lo que me gusta es ir a la librería y ver que mi libro está al lado de los pesos pesados de la literatura y que la gente lo vea, lo pille del estante, lo hojee… y hasta se lo acerque disimuladamente a la nariz para olerlo —mmhh, libro nuevo…, lo compro».

Aquí hemos de detenernos y aclarar algo: las editoriales ofrecen tiradas limitadas, —ediciones— de un ejemplar concreto (obviamente, cuanto más potente sea la editorial, mayores probabilidades tendrás de que encuentres en un estante de tu librería habitual el libro que buscas). Dicho de otro modo, no todos los libros que se publican en formato físico están en los estantes de las librerías.



-Es lógica pura.
Si todos tuviéramos ese lujo las librerías serían como estadios de fútbol.

Esto sucede a menudo con los libros especializados, con aquellos que tratan materias universitarias, por ejemplo. Dada la dificultad de que una librería pueda vender en masa —por falta de demanda— cierto libro técnico, lo normal es que le preguntes al librero si puede encargarlo a la editorial que lo publica. Con las editoriales que no pertenecen a grandes empresas de comunicación, o que no han sido absorbidas por otros grandes grupos editoriales, sucede lo mismo: el cliente pide el libro en formato físico al librero para que este, a su vez, lo encargue a la editorial. Así de sencillo.



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«¿Pero eso no es lo que hacen las editoriales piratas?». No, no metamos a todos en el mismo saco. Distingamos: una cosa es una pequeña editorial y otra es una editorial pirata. Una pequeña editorial te dirá, desde el primer momento, hasta dónde puede llegar contigo y cuáles son sus condiciones para publicar. Una editorial pirata no te va a dejar nada claro, va a incumplir las condiciones del contrato a la mínima ocasión y lo va a hinchar con letra pequeña, aparte de esconderte información vital sobre cosas que deberías haber preguntado antes de firmar, pero como ellos no tienen la obligación de darte detalles si no les preguntas…». ¿Ves la diferencia entre los dos tipos de editorial?  


 A ello que añadir que hay grandes grupos editoriales a los que les conviene esta confusión. Si la gente rechaza las pequeñas editoriales porque entiende que son lo mismo que las editoriales piratas… más parte del pastel para los grandes grupos, ¿no?

«¿Y qué hay de la difusión? ¿Cómo se difunde una obra? ¿Basta con hacerlo a través de las redes sociales?». Para no extendernos demasiado, te invitamos a que leas estos artículos de @La_Kristo, donde descubrirás las claves de este proceso.



-¡Y a luchar por tu libro!


Por:  @NLutefisk

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