lunes, 14 de noviembre de 2016

Cómo evitar los clichés argumentales



¿Nunca, al leer un libro, has pensado «esta historia ya la he leído, pero con unos personajes que se mueven en un contexto distinto»? Eso es porque, según dicen, existe un número limitado de historias que se van repitiendo desde tiempos inmemoriales. Y de ahí no salimos: versiones postmodernas, «homenajes» a los grandes clásicos, mitos revisitados, reboots para actualizar viejas historias… Te ayudamos a identificar los clichés más trillados en narrativa.
El cliché ya se da en los personajes: el héroe, el mentor, el bueno que se vuelve malo, la amante despechada que cambia de vida y se lanza a tumba abierta a un viaje hacia el autoconocimiento. Estos personajes, muchas veces, no tienen personalidad propia per se. Cumplen una función determinada para que la novela avance. Una recomendación: fíjate en la gente que te rodea y construye tus personajes sacando rasgos de unos y de otros. Evitarás que sean planos.

Pero centrémonos en los argumentos. ¿Reconoces alguno de estos?



1) El elegido que ha de salvar el planeta o un reino:

 Prometeo, Atreyu, Bilbo Bolsón… gente que está destinada a descubrir su pasado o a salvar su terruño, según los auspicios de un oráculo o de la profecía de turno. Podrás cambiar el nombre al héroe, a los enemigos, pero la historia se repite desde que el ser humano aprendió a narrar. Todo «se reduce» a superar las zancadas del destino.

2) Chico/a conoce a chica/o:

—enamoramiento del protagonista.
—intento de conseguir que la persona amada se fije en él.
—lo consigue.
—la pifia.
—realiza un acto heroico para recuperar el amor.

—final feliz… o no.
Si al 90% de los guiones de las películas de Hollywood les funciona, ¿por qué no puede funcionar en tu libro? 



3) El ser marginado que se esconde de la humanidad:

 
 Quasimodo, el Fantasma de la ópera, Frankenstein…  Si hay un lugar en el que los feos no tienen cabida es en la literatura. Normalmente, estos personajes no suelen acabar muy bien parados. Nada, que además de feos les ha mirado un tuerto.



Si necesitas ayuda para publicar, consúltanos clicando aquí sin compromiso.

Los mejores precios del mercado editorial.




4) La vuelta a casa.


 ¿Conoces la parábola del hijo pródigo? Pues cuando se recogió en la Biblia ya era una vieja fábula. En este tipo de historias siempre se repite una de estas frases típicas: «Ya nada es como antes» o «Todo volverá a ser como antes». Haz la prueba con alguna película: seguro que antes de una semana la escuchas en alguna.


«Sí, pero yo soy muy astuto: le daré una vuelta de tuerca a cualquiera de esas historias conocidas y, ¡ale hop!, nadie se dará cuenta».


 Realmente no hay mucha opción a la hora de crear, pero nuestro consejo es que no subestimes la capacidad crítica de los lectores. Si copias una historia, cambias el nombre de los personajes, el escenario, el contexto histórico, etc., el lector se va a dar cuenta de que no le estás ofreciendo nada nuevo.
Los argumentos principales llevan años escritos. Cambian las formas pero la esencia es la misma.

«¿Quiere decir eso que, como ya está todo escrito, debería dejar de escribir?».

 En absoluto. Nosotros te recomendamos lo siguiente:

1) Escribe pensando en el lector, teniendo en cuenta qué le puede resultar cliché y qué no.


Un cliché es una historia que ya ha leído antes. Hay unos clichés más manidos que otros. Por ejemplo, las historias de amor adolescente suelen triunfar entre los jóvenes por un motivo común: ellos no llevan tanto tiempo expuestos a las historias —y la ficción en general— de amor como un adulto y, comúnmente, hay algunos argumentos que les resultan nuevos. ¿Por qué crees, si no, que triunfan tanto las historias de Blue Jeans, Mocca o de vampiros adolescentes?  



2) Elige qué clichés te gustaría evitar y cuáles no vas a tener más remedio que asumir. 


Piensa en aquellos con los que te sientas más cómodo y trata de ser lo más original posible. Sabemos que es difícil crear giros argumentales con cierto equilibrio, porque es muy fácil que la historia pierda naturalidad —como ocurre en las telenovelas—, pero hazlo: arriésgate y créalos. Todo sea por dar un aire de frescura a tu obra





3) Una vez has elegido clichés, piensa en cómo quieres que reaccionen los lectores.

 ¿Qué le va a gustar al público? ¿Qué va a odiar? ¿Cómo puedo jugar con sus sentimientos? ¿Qué les puede interesar… o aburrir?

4) Juega con el «cómo contar», no solo con el «qué contar».


 Ya que las historias son limitadas —introduzcas los cambios que introduzcas, céntrate en la forma de contar tu historia y haz todo lo posible para que tu forma de narrar sea atractiva. Si te dedicas a escribir, no utilices las palabras solamente como una herramienta de comunicación, explota su sonoridad.



Por:  @NLutefisk


Y si te ha gustado suscríbete en #AyudaParaEscritores

* Obligatorio


2 comentarios: