miércoles, 28 de septiembre de 2016

3 Tips para evitar los fallos tontos al escribir

-¿Fallos?
Nunca mientras yo siga vivo, queridos...


llo kreo q la hortogrfia, …no es inportamte……!!! Si crees que la oración anterior está bien escrita y te consideras escritor, lee ahora mismo lo que te ofrecemos aquí, porque hoy te hablamos de la importancia de escribir correctamente.


  Cuando un lector encuentra un error en un texto, pierde la concentración y se le hace difícil continuar, aunque solo sea por un momento. Y si se trata de una oración ambigua, se quedará un rato pensando «¿Qué significa esto?» Incluso si llega a entender lo que ha querido decir el autor, habrá gastado algo de energía inesperadamente. Evita que esto suceda.

¿Existe el escritor perfecto?


Al escribir, seguimos unas convenciones, unas directrices, por un motivo: que se pueda entender lo que escribimos. Muchos escritores admiten que tienen faltas, pero se esfuerzan por aprender, aunque hay otro tipo de escritor que excusará su falta de habilidad amparándose en Gabriel García Márquez o Saramago, diciendo cosas como esta: Eyos no ,segian las, ……reglas. Y yo,……..ago, lo mismo (como ya advertíamos en la Excusa para vagos nº 2 de cierto artículo). 


Y es que no existe el escritor perfecto, ni siquiera los escritores consagrados lo han sido. Fijate en Pío Baroja, por ejemplo, cuyo laísmo no impidió que El árbol de la ciencia pasara a la historia como una obra capital que hoy se enseña en los institutos. Como aficionado a la literatura que eres, seguro que conoces más ejemplos.



-"Ola qe ase?"
Extremadamente sospechoso...


¿Cómo afectan los errores a tu obra?


En cuanto tengas una idea, has de tener la habilidad suficiente como para reproducirla por escrito, porque si en tus textos hay erratas, esto repercutirá en la valoración de tu libro por parte del lector. Lo malo es que esta valoración no sólo va a afectar a tu obra, sino a ti también como escritor y, como consecuencia, al resto de tu producción literaria, independientemente del cuidado que hayas tenido con el resto de títulos.

¿Cómo evitar
en la medida de lo posible estas valoraciones negativas? Ejercicios para practicar


 Aparte de leer mucho y fijarte bien al hacerlo, conviene que tengas por costumbre consultar manuales y, después, ser crítico con todo aquello que leas. Te darás cuenta de que, con el tiempo, la gente comete más fallos al escribir de los que piensas. «¿Y qué hago con eso? Me río de ellos y les llamo analfabetos?». Por supuesto que no, pero notar esos errores indicará que tu nivel de conocimientos ortográficos, de vocabulario, etc. va aumentando. 


1) Si quieres, puedes hacer la siguiente prueba: escribe una página sobre cualquier tema. Guárdala durante un año y, mientras sigues escribiendo y leyendo a tu propio ritmo, ve consultando manuales, páginas web sobre cómo escribir –ehem, como la nuestra, por ejemplo
. Pasado ese año, revisa la página y pregúntate si ahora la escribirías igual. ¿Verdad que no? Es señal de que vas evolucionando como escritor.



-Y de paso te avergüenzas un poquito de ti mismo,
¿a que sí?
¿No te ríes?
No entiendes el humor inglés...


2) Si eres de los que creen que los manuales están de más, deja que te pongamos otra  prueba con un pequeño «ejercicio de nivel». Fíjate en cómo están escritas las siguientes oraciones. Algunas suenan de forma muy parecida. Piensa si significan lo mismo.



  1. ¿Qué te he hecho, madre?
  2. ¿Que te he hecho madre?
  3. ¡Que te echo, madre!
  4. ¡Qué té he hecho, madre!
  5. ¿Que te echó, madre?
  6. ¿Qué? ¿Te echo, madre?
  7. ¿Qué té echo, madre?
  8. ¿Qué té he hecho, madre?
  9. ¿Que te echó madre?
  10. ¡Que te he hecho madre!
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Si no ves diferencias entre algunas de ellas, quizá estas posibles respuestas te abran los ojos:

       1) —¿Qué te he hecho, madre?      

           Me has tenido esperando en la puerta media hora.

       2) —¿Que te he hecho madre?

           —La marcha atrás no funciona. Te lo dije.

       3)   —¡Que te echo, madre!

             —Esta es mi casa. Soy yo la que te echa, hijo.

       4)    —¡Qué té he hecho, madre!

              —Para chuparse los dedos, pero yo soy más de orujo.

      5)   —¿Que te echó, madre?

            —Sí, el portero de la discoteca… por pasar hash.

      6)    —¿Qué? ¿Te echo, madre?

             —Ni con agua hirviendo me sacas de aquí.

       7)   —¿Qué té echo, madre?

              —El que tú quieras, pero yo prefiero un orujo, no té.

      8)    —¿Qué té he hecho, madre?

              —Tú sabrás, pero el té que has preparado huele a cloro… formo.

      9)   —¿Que te echó madre?

            —Sí, a patadas… porque le serví té en lugar de orujo.

    10)  —¡Que te he hecho madre!

           —No te alegres tanto, Isidro. Ha sido el butanero.

3) Y para terminar, te ponemos una oración para que tú mismo, retocando la puntuación, las tildes, etc., puedas sacar variantes parecidas, como en el ejemplo que acabas de ver (aunque quizá no tantas):


Antonio no sabe cómo lo quiero.



-Ola ke ase, querido Watson,
sigo sin entenderlo amigo...
ola qe ase, mi tormento...


Por:  @NLutefisk

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