martes, 1 de noviembre de 2016

12 formas de mejorar tus diálogos



-¡Escuchen con atención y escriban con dedicación!

Muchas novelas dependen de la calidad de los diálogos, sobre todo cuando hay poca narración o descripción. En las editoriales vemos que esta tendencia va en aumento, hasta el punto de que hay novelas que se parecen más a un libreto de teatro o a un guion de cine, por la abundancia de diálogos, que a una novela tradicional.

¿Y eso es malo? No, pero a veces sí puede denotar cierta escasez de imaginación en el autor, especialmente cuando abusa de las descripciones que no aportan nada al relato o de las narraciones insustanciales. Tanto si eres de los que recurren constantemente a las conversaciones entre personajes como si no, te daremos algunas pautas para escribir buenos diálogos (y no folletines de sobremesa).

1-    Evita conversaciones superficiales como esta:

—Hola —dijo ella.
—Hola —dijo él.
—Parece que refresca
—Sí, un poco. ¡Je, je!

Este es un recurso barato para llenar páginas y que parezca que tu libro tiene volumen y empaque. Cualquiera puede hacer esto. ¿No hubiese sido mejor escribir algo como «se saludaron sin demasiada efusividad» o algo por estilo? Tu lector no se merece un libro plagado de fórmulas convencionales y conversaciones insulsas. Tienes que plantear retos a la altura de su imaginación. Un diálogo es una progresión de ideas. Ha de conducir hacia algo, no girar sin sentido.

2-    Cuidado con las onomatopeyas de la risa.  


Jajajajajajaja, jijijijijiji… Estás escribiendo una novela, no en una red social. Si vas a reproducir una conversación entre amigos, no hace falta que recurras a ellas todo el tiempo. Es detestable ver jajajás y jijijís cada dos líneas. Visualmente, es ridículo y agotas al lector. Además, basta con poner «¡ja, ja, ja!»; no es necesario repetir un ja nueve veces. Otro truco barato para llenar espacio con paja.

-¿jajajajajajajaj?
Ni fucking gracia


3-    No abuses de exclamaciones e interrogantes. 


No hay nada que haga sangrar más los ojos que pasar una página y encontrarlo todo repleto de ¡¡¡¡¡¡ … !!!!!! ¿¿¿ … ??? y ¡¡¿¿ …??!! Si abusas de estos signos cada vez que quieras expresar sorpresa, admiración, etc. acabarás causando fatiga visual, como en el caso anterior. Y si abusas, procura que al menos haya el mismo número de signos al abrir que al cerrar.

En general, repetir recursos visuales como los anteriores conduce a que al lector le resulte difícil continuar leyendo. Si esto ocurre en la tienda donde está hojeando tu novela, para ver si la compra, es probable que vuelva a dejar el libro en la estantería.

He aquí un ejemplo de diálogo que deberías evitar.

—¡¡Buenos días!!! —dijo el cliente.
—¡¡Buenos días!! —dijo el camarero.
—¿Me pone un café?
—¿¿Cómo??
—¡Que si me pone un café!!
—Perdone, es que con la tele tan alta no le oigo. ¡Jajajajajajaja!
—Jajajajajajaja… ¡¡¡Un caféééééé!!!!


  ¿Te has fijado? Cumple todos los requisitos para estar en el museo de los horrores. ¿Verdad que son fáciles de evitar? Pues, por fallos como estos, muchos libros no se llegan publicar.


4-    Evita que los personajes hagan exposiciones demasiado neutras de hechos.


Esto los despersonaliza y les resta crédito. No hay nada más triste que toparse con un personaje que parezca una Wikipedia andante. Sus palabras tienen que reflejar personalidad, tienen que ayudar a definirlo más allá del narrador. Tus personajes, en realidad no están hablando entre ellos, le hablan al lector, que es quien tiene que apreciar no sólo el mensaje, sino la naturalidad en la expresión.


No me está gustando.
Siento que el libro me está aburriendo y eso no es naaada bueno...



5-    Hay vida más allá del «dijo».

  
Explora la variedad en los verbos de dicción (exclamar, afirmar, preguntar, atajar, apostillar…), pero sin restar naturalidad al resultado. 

6-    Rehúye el diálogo predecible. 


Esta es la mejor forma de medir la calidad de tus diálogos. Si todo gira en torno a expresiones manidas y frases que has escuchado mil veces en películas… ¿de verdad esperas sorprender a tus lectores? Sé espontáneo. Difícilmente lograrás innovar en la acción si tus diálogos se quedan estancados en frases hechas y retazos de otras obras de ficción. ¡No conviertas una conversación en un monstruo de Frankenstein!



-Hola, ¿qué tal?
-Muy bien, gracias
-¿Y usted?
Zzzzz....
(Se masca la tragedia)

7-    Combina introspección con diálogo.


Si piensas mientras hablas, tus personajes también pueden hacerlo. Haz que reflexionen sobre lo que dicen. Inconscientemente, todos nos guardamos cosas cuando hablamos (para no herir sentimientos, porque no hemos sabido replicar a tiempo, etc.). Si quieres diálogos eficaces construye pensamientos más eficaces aún.

8-    Usa la ironía. 


¿Te acuerdas del Dr. House? No estamos diciendo que todos tus personajes se tengan que basar en él, naturalmente, pero recursos como la ironía, el sarcasmo, la doble intención… darán brillo y empaque a tus personajes. 



-Todos en esta vida tenemos un amigo tonto...si no lo tienes
¡EL TONTO ERES TÚ!

9-    Busca un escenario para cada conversación y visualiza el pasaje. 

La cantidad y precisión de detalles depende de ti. Cuando leemos, estamos recreando una escena en nuestra mente y necesitamos algo que sirva de fondo al diálogo.

10-    Ten en cuenta las condiciones sociales y personales de cada uno de tus personajes. 


¿En qué contextos se mueven? ¿Habla igual un niño de 12 años que un anciano que ha vivido toda su vida en el campo? Cuida bien sus giros y expresiones. Pregúntate si usan modismos —latiguillos, mide la riqueza de vocabulario con la que se expresan, cuál es su estado de ánimo al hablar…

11- Juega con los silencios. 


¿Nunca has oído aquello de «vales más por lo que callas que por lo que dices?».El silencio puede llegar a ser más expresivo que las propias palabras.



-Y más inquietante

12- Deja frases interrumpidas, fragmentadas...


 Que no tengan siempre un principio y un final definido. Apelando a nuestro lado cotilla, ¿no te ocurre que al anda por la calle, o en un lugar público, escuchas -ehem, sin querer, claro-fragmentos de conversaciones que no sabes cómo han empezado ni cómo acabarán? Han despertado tu curiosidad, te ha picado el gusanillo de saber más. ¡Admítelo! Pues utiliza esto a tu favor para despertar la curiosidad de los lectores. Invítales a que curioseen, déjales con la miel en la boca... y dásela después.. o no, según tus propósitos.



-Verás como todo saldrá OK!y


Por:  @NLutefisk
Imágenes @La_Kristo

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2 comentarios:

  1. Maravillosa aportación al arte de escribir....bendiciones y éxitos...

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por seguirnos y por tus buenos deseos, Miguel.

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