jueves, 27 de octubre de 2016

Fastidia a tus personajes con los conflictos narrativos







  El destino tiene dos maneras de herirnos: negándose a nuestros deseos y cumpliéndolos.

                                                                                       
 Henry-Frédéric Amiel, filósofo suizo.

¿Sabes crear conflictos? No te planteamos si te gusta armar camorra, sino simplemente si podrías crear una historia en la que no pasara nada. Por mucho que lo intentases, sería difícil, porque en todo relato el protagonista se enfrenta a una situación peliaguda o trata de escapar de ella. Te ayudaremos a identificar los conflictos más comunes dentro de la ficción. Atento, porque somos muy retorcidos y al final te haremos unas preguntas para que te estrujes las meninges.


Contra las fuerzas de la Naturaleza.

Este conflicto suele venir a causa de una catástrofe natural, como en El quinto día, de Franz Schätzing; por una situación de abandono en un lugar inhóspito, como en Relato de un náufrago, de García Márquez; o por el encuentro con algún animal, como en Cujo, de Stephen King. 


El protagonista contra sí mismo

El personaje central normalmente se debate entre sus deseos y sus obligaciones o sus deberes morales; también puede que trate de evitar una caída en los infiernos de la locura. Asistimos, en definitiva, a una lucha interior del personaje. Aunque en teoría es un conflicto fácil de construir, ya que todos tenemos nuestras luchas internas (sí, ésas tan divertidas que nos quitan el sueño por las noches) y podemos construir argumentos basados en nuestras sensaciones, lo cierto es que no es tan sencillo. ¿Por qué? Porque la mente humana es tan compleja… ¿Pero para que están los retos si no es para superarlos? Tenemos ejemplos muy claros en muchos personajes de Shakespeare; en Crimen y castigo, de Dostoievsky; o en Fausto, de Goethe.


¡Oh! Soy una atormentada
Ainsss

Contra la sociedad

El protagonista se enfrenta a la ley, a su familia, a su propia cultura, a instituciones que, en general, se traducen en una mentalidad colectiva que le oprime. Esto ocurre en Vida de Lazarillo de Tormes, obra anónima; en 1984, de G. Orwell; en Frankenstein, de Mary Shelley; con los protagonistas de Los miserables, de Víctor Hugo; o en la obra de teatro Casa de muñecas, de H. Ibsen. Rebelarse contra esa opresión les suele salir caro: exilio, muerte, torturas… pero, por fortuna, no siempre es así. 


-Es que la sociedad de ahora va muy fresca...


Contra otro personaje

Aquí la opresión la transmite un personaje concreto: némesis, antagonista, villano... o simplemente alguien que pasaba por allí y le hace una putadilla al protagonista, llámalo X. En él  vemos una forma clara de obstaculizar o aniquilar la vida del personaje central. Ejemplos: Misery, de Stephen King, o El señor de las moscas, de W. Golding.

Contra lo sobrenatural

La naturaleza «sufre una hipertrofia y se desborda» —por decirlo de algún modo—, padece una anomalía que hace que las leyes de la lógica enfermen y den lugar a una situación caótica para el protagonista. En ella podemos incluir cualquier tipo de historia en la que aparezcan superhéroes, muertos vivientes, vampiros… en fin, monstruos y seres fantásticos, en general.



-¡Este cuerpo sí que es sobrenatural!


Contra la tecnología y el progreso científico

Nos adentramos en el terreno de la ciencia-ficción. En este caso, los avances tecnológicos, con el fin de hacer la vida más cómoda para el ser humano, acaban convirtiéndose en una amenaza (aunque a veces ocurre lo contrario). Ejemplos claros que, además, cuentan con una adaptación al cine son 2001, una odisea del espacio, de Arthur C. Clarke; los relatos de El robot completo, de Isaac Asimov; o… ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick. 

Contra el destino

Tradicionalmente, se asocia este tipo de conflicto con las mitologías clásicas de distintos países —sobre toda la griega— ya que el destino solía representarse a través de dioses, que eran quienes decidían quién era el héroe de turno al que había que apoyar o hacer la puñeta.

 Sin embargo, éste es un conflicto que puede englobar al resto, porque el «destino» es un término tan ambiguo y tan impreciso que en él pueden intervenir las fuerzas de la naturaleza, la sociedad, los antagonistas… y, por supuesto, los demonios interiores. 

 

A decir verdad, no tiene por qué darse un sólo tipo conflicto en una obra. Sería muy complicado que éstos apareciesen de forma aislada, porque…

Por ejemplo, ¿qué tipos de conflicto se encuentra Alicia en Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo?, ¿«contra lo sobrenatural», «contra sí misma»…?

 ¿Y Frankenstein? La Criatura del famoso doctor es un ser marginado por la sociedad, como decíamos, ¿pero no podríamos incluirlo también en el apartado de «contra la tecnología...», quizás?

Y la pregunta del millón: ¿nos nos resultaría más cómodo resumir todos los conflictos en «contra el destino», que todo lo abarca (y quedarnos tan panchos)?




-¿Ahora lo dices?

Sed dueños de las vidas de vuestros personajes, planteadles retos con una mano y ofrecedles ayuda con la otra. Queremos ver lo malos o lo benévolos que sois con ellos. 



Por:  @NLutefisk


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