viernes, 4 de noviembre de 2016

Atrévete a escribir literatura de viajes


          
         Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas
Henry Miller


Seguro que tienes un montón de anécdotas e historias por contar de tus viajes, pero ¿cómo hacerlo sin que parezca la típica sesión dominguera de visionado de fotos o vídeos ante toda la familia? ¿Hay algo más tedioso que esas sesiones de «Mari Pili y yo en la Gran Muralla China», «Mari Pili y yo peinándonos en el hotel», «Mari Pili haciendo el pino delante de la Ciudad Prohibida», «Mari Pili y yo con el guardia que quería ponerle una multa por hacer el pino», «Aquí, una mosca fucsia», etc.? Para evitar esto, saca al trotamundos que hay en ti y atrévete a escribir libros de viajes con las recomendaciones de Luhu Editorial



Es posible que alguna vez hayas pensado en plasmar tus impresiones acerca de tu último viaje, porque te gustaría que los demás conocieran qué piensas de tu estancia en tierras escandinavas, asiáticas, o de aquellos lugares en que el tiempo se ha detenido en las fachadas y los barrios y los ha impregnado de un ambiente pintoresco y con alma. Ya que no podemos viajar en el tiempo y escribir de forma fidedigna sobre acontecimientos históricos, recorrer la geografía a lo largo y ancho de este mundo es un motivo para escribir y sacar plenamente tu espíritu aventurero y filosófico.

Y es que narrar las experiencias de un viaje es todo un arte y, dependiendo de nuestra destreza, podemos llegar a escribir algo realmente entretenido —y hasta enriquecedor— o hacer un churro.  Así que, si no tienes vocación de churrero y quieres que el lector se interese por tus viajes, te invitamos a que sigas nuestros consejos:


1- La importancia de los recuerdos: reúne tus fotos, vídeos, souvenirs… de tus viajes y piensa en qué recuerdos te trae cada cosa, en cómo te sentías el día en que te hiciste aquella foto o grabaste aquel monumento que te impresionó…

2- Brainstorming o lluvia de ideas: una vez has reflexionado sobre qué vas a escribir, pon en orden esos recuerdos y realiza una criba. Habrá algunos que no aporten nada a la historia (porque no son graciosos, porque no invitan a la reflexión, porque son tópicos…) y otros que, por insignificantes que parezcan, pueden despertar alguna emoción en el lector y picar su curiosidad.





3- Cuando hayas terminado con esa selección de recuerdos, anótalos en orden cronológico. Si mezclas el orden de los pasajes y si saltas continuamente en el tiempo y recurres demasiado a los flashbacks, es posible que  el lector pierda el hilo y la lectura le resulte farragosa y llena de «tropezones». Recuerda que una cosa es hacer incisos, aclaraciones… y otra es saltar de un recuerdo a otro sin orden ni concierto.

4- Indaga en aquellos aspectos que nunca encontrarías en un catálogo de viajes. Trata de documentarte por tu propia cuenta y ve más allá de la información que ofrecen en las típicas rutas turísticas. Estos catálogos ofrecen mucha información, pero suelen ser demasiado objetivos. Puedes adornar tu relato acerca de ese lugar que has visitado con datos históricos y añadirles «tu propia salsa», tu punto de vista; cuanto más humanices el relato, más cercanía vas a transmitir y, por tanto, vas a hacer que el lector pueda entender mejor tus experiencias y tus reflexiones. 

5- Que la realidad no limite tus expectativas. «Pero yo he viajado muy poco, no sé si podría dedicarme a la literatura de viajes», puedes decir. Eso no es excusa: tienes que superar la barrera psicológica del «yo no puedo» y «yo no sé» y demostrar que, con una buena labor de documentación y tu capacidad para imaginar, eres capaz de hacerlo, aunque nunca hayas ido más allá de las fronteras de tu barrio. No serías el primero. Por ejemplo, Edgar R. Burrohougs, el creador de Tarzán, nunca pisó África para inspirarse en su exitoso personaje. 





¿Te imaginas que aplicáramos la misma excusa con la novela histórica? «Hola, soy Umberto Eco y, como no he vivido en la Edad Media, nunca podría escribir una novela negra ambientada en un monasterio Benedictino del siglo XIV (El nombre de la rosa)».

6- Fíjate en aquellos autores que han publicado libros sobre este tema y en su técnica. Pregúntate cómo lo hacen. Un magnífico ejemplo lo tenemos en el escritor Javier Reverte —no lo confundas con Arturo Pérez-Reverte—, que ha publicado varios libros de viajes en los que no sólo se limita a contar qué le parece tal o cual lugar que ha visitado, sino que además va enriqueciendo su narración con opiniones, retratos psicológicos de aquellas personas que ha conocido durante sus viajes, o con datos históricos  —y hasta mitológicos— del lugar.
Con ello, no te decimos que tengas que hacer exactamente lo mismo, solamente que no te limites a plasmar lo que has visto.

¿Y tú?, ¿qué nos contarías de tus viajes?

Escrito por: Por @NLutefisk




Y si te ha gustado suscríbete en #AyudaParaEscritores

* Obligatorio




Y si quieres hacerte una web o necesitas ayuda para editar: 




No hay comentarios:

Publicar un comentario