jueves, 30 de junio de 2016

La novela romántica: Tira los clichés a la basura


Tira los clichés a la basura, que ya están revenidos

¿Cuántas novelas románticas has leído hasta ahora? Si eres un amante de este tipo de literatura y te gusta crear historias de amor y pasión, te aconsejamos que trates de evitar los topicazos más trillados del género. Utiliza tu acervo cultural en esta materia para tratar de escribir algo que realmente brille y que destaque por encima de los recursos manidos.


Te damos unas pistas que te pueden echar una mano:



1- Reduce el ping-pong ocular


«Él la miró, ella le miró, él la miro, ella le miró, él la miró… set y partido».


Es cierto que con la mirada podemos decir tantas cosas… Podemos decirlo todo: «te quiero«, «lo siento», «jódete, te estoy ignorando a propósito», «¿a qué hora sale el último ALSA para Cuenca» (bueno, casi todo).  Sin embargo, has de tener en cuenta que si en muchas de las páginas que estás escribiendo abundan las referencias a los ojos, quizás debas plantearte usar menos este recurso. Realmente, el problema no es usarlo mucho o poco, sino —aunque parezca una perogrullada— hacerlo en el momento oportuno.

Alguien podrá reprochar y espetarme: «Hablaré de lo sexy que me parecen las miradas, los ojos, las pupilas y las córneas cuantas veces quiera, para eso es mi novela». Y no le faltará razón, pero francamente, abusar de un recurso quizás indique que estamos limitando nuestro universo creativo innecesariamente. ¿No lo crees así?


I love the Smiths
(Brrr...)

2- Cambia el escenario.


Cena romántica, paseos por la playa, baños con sales y música de fondo, viajes exóticos… En la vida real, quien más quien menos fantasea con tener estos elementos como escenario a la hora de enmarcar un idilio. Los protagonistas de tu novela quieren agradar a su amorcito, y seguro que estas cosas no fallan, ¿verdad? Que todas estas cosas queden bien en una novela de Danielle Steel o de Nora Roberts —o incluso en tu propia vida, ¿por qué no?— no quiere decir que tengan que encajar bien en tu novela (ni, probablemente, en las de los 100 millones de autores noveles que tienen a Steele o a Roberts como referencia). Pero, en la vida real, estos marcos son mucho más ricos. Huye de lo típico. Por ejemplo, si tus Romeos y/o tus Julietas van a conocerse en un pub, piensa: ¿cuántos autores han tenido la misma idea? ¿Cuántos personajes han empezado su relación en un garito?


Y una vez más, alguien me podrá echar en cara: «Bueno, los protagonistas de mi novela se conocen en un pub porque esas cosas ocurren cada día. Es algo normal,  típico, ¿no?». Exacto, tú lo has dicho. En tu reproche está el error: «Es algo típico». ¿Acaso no tratamos de huir de eso precisamente, de lo típico, para dar originalidad a nuestro texto?




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Hoy en día, el género romántico hace el amor con otros géneros y da lugar a obras muy curiosas:


Romántica + ciencia ficción


Romántica + aventura


Romántica + policíaca


Romántica + histórica


Romántica + autoayuda


Etc.


Así que no te ciñas sólo a los esquemas de los culebrones de sobremesa. Creemos que es una buena idea que tus protagonistas no vayan sólo de lo dulce a lo amargo y de lo amargo a lo dulce. Ten en cuenta que es muy complicado mantener la atención del lector cuando toda la novela, especialmente si es muy larga, se centra en que los personajes se tiren media obra —quizá más— deshojando la margarita. «Me ama, no me ama, me ama, no me ama…».



3- Escribe con propiedad.


A veces, abusamos sin razón de los eufemismos. Aunque, por suerte, parece que las cosas ya están cambiando. Si damos rodeos y usamos un vocabulario profuso y florido, los lectores nos aplaudirán porque verán que somos hábiles con el lenguaje que usamos. Ahora, tampoco conviene que seas cargante. Si un pasaje de tu novela requiere que escribas «polla» y «coño», por ejemplo, pues escribe «polla» y «coño». Góngora no va a levantarse de su tumba para darte una colleja, no temas.


Cari, gordi, churri, papito… No decimos que no uses estos apelativos cuando los protas se llamen entre ellos. Simplemente, queremos que sepas que la originalidad ha telefoneado y está esperando a que vayas a por ella y le des un beso. ¡Inventa nuevos apelativos cariñosos! ¿Quién sabe? Si tu obra tiene éxito, puede que tus lectores los usen en el mundo real y los extiendan allende los mares.



4- El ataque de los toca-clones.


Adivina, adivinanza, ¿a qué novela pertenecen estos dos tortolitos?


«Él es muy guapo y tiene una sonrisa preciosa, de esas que iluminan una habitación… Que digo una habitación, un estadio…, el pequeño Maracaná. Tiene esa risa sincera que enamora y que inspira confianza, porque ése es su punto fuerte: transmitir confianza, seguridad… Él es un hombre muy pagado de sí mismo, capaz de capitanear tropas napoleónicas, espaciales, de moteros…


En fin, él es el gavilán alfa por excelencia, el héroe protector perfecto, alto, fuerte, capaz de rodearnos con sus ciclópeos y atómicos brazos, con los que alcanzará la Luna si se lo pedimos. Será tierno y culto cuando la ocasión lo requiera, y tendrá algún momento de flaqueza, pero será una flaqueza perdonable, a pesar de que pueda llegar a hacer tambalear la relación.


Y esa mirada, ¡ay, la mirada! Cómo mira con la mirada. Es capaz de preñar con la mirada. Mira que mirada que marea».


«¿Y ella? Nunca está contenta con su físico, pero eso no quiere decir que sea insegura; al contrario, es resuelta y muy fuerte, pero a veces necesita sentirse protegida. El día a día la desgasta horrores, porque se esfuerza mucho en su trabajo, tanto que su vida llega a ser un poco caótica, pero eso no le quita ilusiones y esperanzas, porque siempre espera algo nuevo de la vida. Es una luchadora nata».


¿Ya sabes a qué novela pertenecen estos dos lovers? Si has respondido «a cualquier novela rosa», estás de enhorabuena. Has conseguido desenmascarar a los clones. Y es que… ¿por qué en la literatura romántica la relación siempre ha de ser entre dos —y sólo dos— personajes, comúnmente heteros? 


Llegados a este punto, no quisiera extenderme, y sólo os comentaré que estamos en el siglo XXI y las relaciones pueden ser de lo más variado. Dale color a tu obra. El chica-conoce-a-chico es sólo una posibilidad entre muchas.







5- La delgada frontera que divide lo romántico de lo hortera.


… es tan, tan fina…

Pregúntate: ¿la trilogía de Mr. Grey hubiese tenido el mismo éxito de haber sido el susodicho un perroflauta?


En muchas novelas románticas, uno de los protagonistas —incluso  ambos— nadan en la abundancia. «¿Y cuál es el problema?», me dirá alguien. «¿Hay algo de malo en ello? Todos soñamos con eso alguna vez, ¿no?». No hay nada malo en desear estar forrado hasta las orejas. Es más, si algo nos enseñan los best-sellers es que contrastar personajes poderosos y adinerados con pobres mortales, como nosotros, es un recurso que aún funciona (y si no, que se lo pregunten a E. L. James, ¿verdad?). Pero recuerda que el objetivo de este artículo no es otro que ayudarte a encontrar, por tus propios medios, la originalidad. Y, como decíamos antes, lo que a otros autores les puede funcionar, quizás a nosotros no.


• En definitiva, no tengas miedo a romper esquemas. Experimenta escribiendo tu propia novela, sáltate los clichés del género (ya no sólo de éste, sino de cualquiera). No es fácil cambiar las bases, pero nadie ha dicho que sea imposible. Ya lo decía el anuncio:


Impossible is nothing!



Por:  @NLutefisk


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